El arte de nuestras vidas

(Imagen de blogs.uoregon.edu)

Mi definición favorita de arte es una de las que da la Real Academia Española: Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros. No está mal, pero quizás se queda corta para lo que puede llegar a llamar arte. Sigue leyendo

El vuelo de la vida

(Imagen de Zaninger Jonathan, de airliners.net)

Buenos días señores pasajeros. El comandante y la tripulación les damos las gracias por elegir este vuelo de la compañía Vida, partiendo desde Nacimiento con destino Muerte.

La duración estimada del vuelo es desconocida. No realizaremos ninguna demostración de seguridad, volarán aprendiendo sobre la marcha. Les rogamos que busquen un lugar donde almacenar todos sus recuerdos a partir de este momento, porque nunca se sabe cuando los pueden necesitar. Los dispositivos móviles pueden permanecer encendidos todo el tiempo que quieran, a pesar de que eso les haga perder tiempo de conversación con su compañero o compañera de asiento y con el resto de pasajeros del avión. Sigue leyendo

No irnos sin marcar la diferencia

(Imagen de roflsario.blogspot.com)

No puede ser que pasen los días y nadie se de cuenta de nuestra presencia. No podemos pasar por la vida como una vela a punto de apagarse continuamente. No podemos existir sin desear lo mejor a los demás, sin esforzarnos porque estén a gusto, por ayudarles cuando lo necesitan. Hay que alejar la rabia, el dolor, las malas sensaciones y la tristeza. Hay que saber sentir el sol y disfrutar de la lluvia. Hay que ser grandes en la victoria y en la derrota.

En definitiva, hay que marcar la diferencia. Esa diferencia que crea sonrisas, levanta puentes y toca vidas. Hay que saber lo que se siente al mirar a los problemas a la cara, y perder. Y luego hacer lo mismo, y ganar, tras haber caído muchas veces. Hay que jugársela, ver el momento justo para lanzarse al vacío sabiendo que hay una posibilidad entre un millón de que no lo logremos, de que fallemos. Tenemos que creer que saldrá bien. No podemos acabar el día sin habernos cruzado en la vida de nadie, sin haber sonreído. Salta, suéltate la melena, haz de una puñetera vez todo lo que quisiste hacer. Di todo lo que siempre quisiste decir. Mira a la cara sin temor, sin cerrar los ojos, atrévete. Si no lo haces alguna vez, luego te arrepentirás. 

Quizás lo más valioso que tengamos sea el tiempo, y qué hacer con él marcará la diferencia entre disfrutar o no la vida. Quizás todo esto sean reflexiones sin sentido, o quizá no. Lo que está claro es que no nos podemos marchar de aquí sin hacer ruido, por algo somos los humanos los más ruidosos de la Tierra! Si de repente pudiéramos dejar de existir y crear una nueva línea temporal, y ver que habría pasado si hubiéramos seguido vivos, seguro que el resultado nos sorprendería. 

Veríamos como jamás ayudamos a esa persona en la calle, jamás alegramos el día a ese chico joven. Nuestros amigos no nos conocieron, nuestros profesores no nos enseñaron y nuestros jefes nunca nos pagaron, sencillamente dejamos de estar ahí. Por eso, vale la pena disfrutar cada segundo. Por eso valen la pena estas reflexiones. Porque no nos podemos ir sin hacer ruido, sin disfrutar, sin querer a los demás, sin intentarlo, sin dejarnos la piel por aquello en lo que creemos. En definitiva, sin marcar la diferencia en la vida.

Volvemos a las andadas

(Imagen de revistamakingof.blogspot.com.es)

Así, como quien no quiere la cosa, se fue el verano.

Se acabó la piscina, la playa, las sonrisas bajo la sombrilla, el tener que ponerse crema todos los días, etc. También se acabó, en parte, el relax, la sensación de tener toda una vida por delante de vacaciones perpetuas sin preocupaciones. Hasta de dentro de un año (bueno, de diez meses) no volverán los bañadores, la aburrida programación de TV en verano ni los tiempos muertos en los que no sabemos que hacer.

Y ahora que todo esto ha acabado, debemos hacer lo que hacemos siempre, lo que llevamos haciendo toda nuestra vida: volver a las andadas. Volver al trabajo, al estudio, revivir los agobios, pensar en nuestro futuro y todo eso que suele hacer la gente.

Pues yo me declaro en rebeldía. Los agobios, las preocupaciones y todo lo que conllevan por mi pueden quedarse en otro planeta, porque no pienso dedicarles ni un segundo de mi preciado tiempo. En esta vida, hay algo que me molesta más que perder un partido, más que suspender un examen, más que el odio que le tengo a las espinacas y más que las tardes lluviosas de estudio. Lo que más me molesta es perder el tiempo.

Por eso, ahora que estoy a punto de empezar un nuevo curso académico y deportivo, ahora que me siento con fuerzas para pensar con claridad, he decidido que no pienso perder ni un segundo de mi tiempo en vivir. Así de claro y así de contundente. Cualquier persona, animal o cosa que me haga perder el tiempo la voy a apartar de mi vida a las primeras de cambio. Estamos aquí por tiempo limitado, y ahora que volvemos al tajo no nos podemos olvidar de eso, de que algún día no estaremos, y de que vale la pena aprovechar el tiempo. Os lo recomiendo.

Quizás os haya sorprendido la entrada, empezaba hablando del fin del verano y acabamos haciendo una reflexión sobre el tiempo que nos queda. A veces resulta útil reflexionar un poco las cosas. Feliz septiembre a todos/as.

La muerte tabú

 

Escondemos lo que pensamos, así de simple. No queremos oír hablar de la muerte. La negamos, la escondemos hasta que la vemos enfrente, solo entonces nos ponemos a pensar en ella.

Yo creo que pensar de vez en cuando en la muerte (solo de vez en cuando, que nadie se pase) es incluso beneficioso, ¿no valoraríamos más la vida?

Hace muchos años, había un seria que algunos recordaréis. Ni siquiera me acuerdo del nombre, pero si del argumento. Dos jóvenes científicos americanos, en los noventa, hacían un experimento para crear una especie de nuevo Frankestein. Sin embargo, en su lugar crean a una chica que tiene poderes especiales. La serie está orientada a gente joven, con mucho humor.

En uno de los capítulos, la chica decide ponerles a prueba, y les da a cada uno un reloj de muñeca, que tiene una cuenta atrás. Es el tiempo que les queda de vida. Tras hacer esto, coloca una viga de madera entre los tejados de dos edificios, y les anima a caminar por ella, como acróbatas.

Entonces, a los dos les pasa lo que nos pasaría a cualquiera de nosotros, no se atreven a caminar por la viga. Ella les repite una y otra vez que no morirán, que no pasará nada, pero se resisten a creerla. Cuando por fin la creen, se ponen a dar saltos sobre la viga, muy contentos, sabiendo que no hay problema y no morirán.

La filosofía del carpe diem ayuda a olvidarse de la muerte. ¿Porque acordarnos de ella si lo que tenemos que hacer es aprovechar la vida? Yo creo que es justo al revés, es esa consideración de barrera finita es la que nos hace vivir más vivos. Disfrutar las cosas, sabiendo que algún día las perderemos. ¿Que pensáis vosotros?