La falsedad de lo auténtico

conscious_universe435_01

(Imagen de bibliotecapleyades.net)

“Yo soy así”. Es una frase que seguramente habréis oído o pronunciado muchas veces.

Es normal, es la excusa universal, la combinación de palabras más famosa de nuestra lengua últimamente, y mira que tenemos palabras bonitas para elegir. El verbo “ser” se adueña de nuestra voluntad para servir como justificación por cualquier cosa. La palabra “así” cubre los flancos, sin especificar. ¿Así como?  Sigue leyendo

El vuelo de la vida

(Imagen de Zaninger Jonathan, de airliners.net)

Buenos días señores pasajeros. El comandante y la tripulación les damos las gracias por elegir este vuelo de la compañía Vida, partiendo desde Nacimiento con destino Muerte.

La duración estimada del vuelo es desconocida. No realizaremos ninguna demostración de seguridad, volarán aprendiendo sobre la marcha. Les rogamos que busquen un lugar donde almacenar todos sus recuerdos a partir de este momento, porque nunca se sabe cuando los pueden necesitar. Los dispositivos móviles pueden permanecer encendidos todo el tiempo que quieran, a pesar de que eso les haga perder tiempo de conversación con su compañero o compañera de asiento y con el resto de pasajeros del avión. Sigue leyendo

Desconectando en San Juan

Playa de San Juan (imagen de alicanteturismo.com)

¿Alguna vez habéis salido de casa para buscar un sitio tranquilo? ¿Alguna vez habéis querido desconectar y escuchar el silencio?

El viernes por la noche me subí al coche con muchas ganas de encontrar uno de esos sitios mágicos. Un lugar donde se escuchara poco o nada, donde el viento fuera suave y las ideas pudieran volar como cometas amarradas a mi mente. Consideré la posibilidad de buscar un lugar alto, pero a esas horas y con algo de frío no sería cómodo. Lo siguiente fue encontrar una playa…y me fui directo a la playa de San Juan. Sigue leyendo

Exceso de silencio

(Imagen de genoveses.blogspot.com)

Últimamente me he dado cuenta de que cada vez hablamos menos. Quizás, ahora que reflexionáis sobre ello, hayáis llegado a la misma conclusión.

Ocurre en todas partes, en las paradas de autobús, los ascensores, las colas del supermercado. Miras a tu alrededor y lo que más se ve es gente con el móvil en la mano tocando la pantalla sin pestañear. Vivimos demasiado rápido en un mundo donde a pesar del silencio entre nosotros tenemos mucho ruido a nuestro alrededor. Si os paseáis por la calle, escucharéis a los coches, al viento entre los edificios y quizás la sirena de algún coche de policía. Pero ¿cuanto hace que no tenéis una buena conversación? ¿cuanto hace que no os ponéis a hablar con vuestra mejor amiga de cosas importantes? No me refiero a contarse las penas, me refiero a cosas importantes de verdad.

Mucha tecnología, mucho whatsapp, innumerables redes sociales…y todo eso para alejarnos. No deja de ser una paradoja interesante, hemos creado más tecnología para comunicarnos y eso mismo hace que nos separemos. A veces el silencio nos cubre como una manta en invierno y nos refugiamos en nuestro teclado de móvil, que nunca nos pondrá una mala cara por no hacerle caso. Nunca nos rebatirá el hecho de ignorarle el tiempo que queramos, nunca tendrá celos. Los seres humanos, sí. No es necesario que arrojemos los móviles al mar, y tampoco que desconectemos los ordenadores, basta con querer volver a hablarnos. Me sigue pareciendo mucho más interesante la idea de tomar algo con un amigo a la de estar tres horas hablando con whatsapp con alguien, sea quien sea. Irte a un bar, sentarte, relajarte, pedir el café/refresco/batido, ¿hay algo igual? 

Comentaban en la televisión hace poco algunos expertos que las redes sociales nos dan una idea distorsionada de nuestro círculo social. Nos hacen creen que tenemos cientos de amigos, y no siempre es así. Los amigos son, en mi opinión, los que viven en nuestra ciudad y vemos habitualmente. O al menos aquellos a los que nos sentimos muy unidos. Cuando tenemos gente con la que solo hablamos una vez al año para decirles “felicidades”, quizás no son tan amigos.

Pensad sobre ello, llamad a alguien para tomar un café y veréis la gran diferencia que hay entre lo digital y lo real.

Lo mismo un año después

(Foto de sanitasmarcarunningseries.com)

Cuando el pasado domingo me puse las zapatillas de correr, viajé en el tiempo y pensé en lo que estaba haciendo justo un año antes, a esas mismas horas.

Era un día nublado. Entré en el vestuario de la base de Protección Civil  y salí vestido de naranja fosforito. Ese día tocaba cubrir una carrera que se celebraba en el centro de Alicante. Me puse en mi calle, con una valla azul detrás mía cortando el paso a los coches. Los inconvenientes no tardaron en aparecer, como de costumbre. Tras haber empezado la carrera, una mujer apareció subida en una moto. Insistía en que debía pasar, y yo le decía que no era posible porque se estaba disputando una carrera. En dos minutos comenzó a insultarme y a elevar la voz. Al final, se subió a la acera y atravesó la calle sin decirme nada más. Otro hombre se bajó de su coche y vino a mí a quejarse de que las calles estaban cortadas, y me preguntaba constantemente cuando se abrirían.

Yo miraba al cielo, que seguía nublado y silencioso. Comencé a oír el ruido de las pisadas de los corredores, y no hay mucho más que contar. Pasó el último y nos dijeron que podíamos retirarnos. Otro servicio más cumplido con éxito, otro día más que pensaba que eso no era lo mío. Estar en una calle “sujetando” una valla no era nada divertido.

Pero ahora volvamos al pasado domingo, el día en que yo era el corredor. Además, no solo había cambiado eso, sino también muchas cosas en mi vida. Todo da tantas vueltas que no sabemos donde podemos estar el mes que viene, ni siquiera la década que viene. En la salida, rodeado de cientos de corredores y corredoras, el ambiente era espectacular. Ajusté mi dorsal a la cintura, mientras por los altavoces nos avisaron de que quedada un minuto para comenzar. Cientos de deportistas apiñados en una pequeña calle listos para correr, todo el mundo empezó a aplaudir, incluidos nosotros. Comenzó la carrera y no paré hasta terminar los cinco kilómetros.

Durante el recorrido vi a todos los de naranja, la mayoría “sujetando” vayas. Yo no era el mismo, desde luego que no, pero eso es otra historia, de momento me centraré en la carrera. No pude evitar pasar por algunas calles y saludar a mis antiguos compañeros, cosa que me gustó mucho. Los que fueron grandes lo siguen siendo. A otros ni les saludé, sencillamente pasé por delante de ellos mirando al frente con una sonrisa de oreja a oreja y sacando pecho, como hacen los que no se arrepienten de lo que hicieron en su pasado y siguen estando orgullosos.

No era lo mismo, yo no era el mismo. Estar un año de voluntario y al año siguiente de corredor me hizo ver todo desde un ángulo distinto, y desde luego mucho más positivo. Somos lo que hemos vivido, somos experiencias. Momentos que cuando uno muere (pensaba escribir “cuando uno se va”, pero quedaba demasiado suave) se evaporan y solo permanecen dentro de los que vivieron esos momentos con nosotros. Hay que acumular experiencias, hay que atreverse a cambiar, a quitarse el uniforme y ponernos las zapatillas de correr. Hay que atreverse a competir con otros y superarse. Yo también soy el que se aburría ese día sujetando una valla, pero luego eché a correr y todo fue mucho mejor.

Atreveos siempre a dar un giro a las cosas. No tengáis miedo.