De cero a cien

(Imagen de runrun.es)

A veces, una sola frase nos hace pasar de cero a cien.

La más nublada mañana, con lluvia incluida, puede despejarse con un solo pensamiento. Es curioso, a veces me pregunto qué tenemos dentro que nos hace tan humanos, tan desequilibrantes, tan volátiles. Nuestro comportamiento es una hoja de papel en mitad del mar, meciéndose con las olas a veces sin razón y otras de forma lógica. Podemos quedarnos horas y horas mirando a través de un cristal, sin saber a donde dirigir la vista, hasta que alguien o algo nos saca de nuestra distracción con una sola palabra, un solo gesto con el que pasamos de cero a cien y volvemos a la realidad. Sigue leyendo

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Eligiendo pensamientos

(Imagen de sobreviviraopositar.blogspot.com)

Os habrá pasado más de una vez…veis que alguien está desanimado y le intentáis motivar. Lo conseguís, y un tiempo después, cuando sois vosotros los que necesitáis que os motiven, no conseguís encontrar la manera de hacerlo vosotros solos.

Creo que es algo más común de lo que se pueda pensar. La primera vez que me ocurrió fue como un pequeño shock. Te sientes raro, torpe, incapaz de controlar tus pensamientos o sentimientos negativos mientras tu amigo está perfectamente gracias a los consejos que le diste. Saber que algún día pasará esa racha, pero no dejas de preguntarte porque puedes hablar a los demás, pero no te puedes hablar a ti mismo. No existe una puerta trasera en tu mente por la que puedas pasar, entrar en la sala de control y pulsar el botón correcto. No es tan fácil.

Tras darnos cuenta de que nos ha ocurrido, de que no hemos sabido salir nosotros solos, nos vienen las reflexiones, esas pequeñas perlas de sabiduría propia que a veces nos reparan y a veces nos dañan. Por encima de todo, de nuestro cerebro, nuestro corazón y nuestras sensaciones, nos encontramos con el hecho de que nuestros pensamientos los elegimos nosotros. Tenemos la fuerza suficiente para ignorar cualquier pensamiento y cambiarlo. Pero claro, cuesta esfuerzo, y el ser humano no se distingue precisamente por ser el ente más esforzado del universo. Tendemos a caer en la espiral hacia abajo, en pensar en lo mal que estamos en vez de darnos cuenta de como podemos salir. Ese es nuestro primer error. A partir de ahí, los demás vienen solos: autodestrucción, falta de autoestima, falta de metas, etc.

No soy psicólogo, aunque la psicología me resulta atractiva. Pero no hace falta serlo para darse cuenta de todo esto, con ser humano y haber tenido alguna experiencia con todo esto es suficiente. Entender un arte es una cosa, y dominarlo es otra muy distinta. El arte de pensar lo que queramos no parece fácil, más bien creo que se necesita una vida entera para dominarlo. Gran parte de lo que pensamos en negativo es una ilusión, es una mentira que nos acabamos creyendo. Por ejemplo, cuando tenemos un bajón y creemos que somos horribles y nadie nos quiere. O cuando, como decía al principio, nos sentimos torpes por haber animado a alguien el día anterior y luego no saber animarnos a nosotros mismos. No debemos nunca creernos todas esas mentiras. Quizás nos tenemos que dedicar menos a dar consejos y concentrarnos primero en estar bien nosotros. Quizás cuando hayamos conseguido vencer nuestros miedos de verdad, podremos ayudar a los demás a vencer los suyos de una forma mucho más eficaz.

Fijarse objetivos

(Imagen de ojodigital.com)

No se trata de no caer nunca, sino de levantarse cada vez que uno cae.

Nos llevamos reveses en la vida, momentos que nos hacen pensar que todo está acabado, que no tenemos remedio, que nuestros sueños no se cumplirán. Me alegra decirte, querido/a Lector/a, que todo es mentira, nuestros sueños se pueden cumplir si ponemos los medios para ello. Sin embargo, para ser el mejor en lo que haces, para ser el que más resista los golpes, hay que entrenar, hay que prepararse. Y sobretodo, hay que estar dispuesto a ser el mejor de los mejores, el espejo donde se miren los demás, la luz que brilla en la oscuridad e ilumina el camino.

Cuando tenemos ganas de hacer cosas, cuando la energía que nos enciende cada mañana parezca inagotable y cuando nuestro talento salga a relucir, solo necesitaremos una cosa para explotar: un objetivo. No importa lo grande que sea, porque si es pequeño enseguida lo cumpliremos y nos pondremos otro. Y si es grande, nos pasaremos más tiempo esforzándonos, no hay problema. El simple hecho de ponerse un objetivo da valor a nuestras habilidades. ¿Os imagináis que en un partido de fútbol no exista la portería? ¿A donde chutarían los jugadores? La portería en el fútbol hace posible el gol y da valor a la calidad de los jugadores, al igual que nuestros objetivos dan valor a lo que sabemos hacer y hacen posible su aplicación.

En cuanto tenemos un objetivo y muchas ganas de lograrlo, sentimos que encañonamos al miedo, alejándolo. Disipamos la incertidumbre y nos preparamos para luchar, para cumplir nuestro cometido. A partir de ese momento, entramos en la fase de aplicar todo lo que sabemos, de disparar con todo a discreción hasta cumplir el objetivo, hasta derrotar nuestros problemas. Y lucharemos dándolo todo, por supuesto, las cosas no se consiguen sin esfuerzo. No vamos a dejar que nos tumben.

Y aquí viene la pregunta del millón, ¿que ocurre si fallamos? La respuesta es sencilla: nos ponemos un nuevo objetivo. De esta manera, el proceso comienza de nuevo: volvemos a ilusionarnos, a darlo todo por conseguirlo. Todo este proceso de fallo/nuevo objetivo/nueva ilusión no es fácil, pero creo que es la mejor manera. A veces no vale la pena ni siquiera ponerse a pensar sobre el fallo, solo se debe hacer si creemos que esas conclusiones nos ayudarán a no fallar en lo mismo de nuevo.

Dejarse la piel, motivarse, conseguir lo que nos proponemos…todo es cuestión de fijarse un objetivo y darlo todo por conseguirlo.

La escucha activa

(imagen de memoriasonubenses.blogspot.com)

 

Hace bastantes años, tenía un compañero de clase que vivía en un pequeño pueblo (hablando así parece que tenga 50 años, pero no!). El chico era un apasionado de los trenes, de hecho en su pueblo había un pequeño museo de ferrocarriles y no paraba de insistirme en que fuéramos a verlo. Al final accedí, y me pareció una de las cosas más aburridas que he visto en mi vida.

Yo era más de aire, de aviones, de poder desplazarme hacia arriba, abajo o a los lados. El tren solo puede ir la vía, no tiene elección, y eso a mi me aburría, no podía comprender como mi amigo tenía tanta pasión por ello. Incluso me contó que, en un viaje, habló con el maquinista y este le dejó llevar el tren un par de horas. Sigue leyendo

Soñadores

(imagen de whitcusifai.blogspot.com)

O “dreamers”, como se diría en inglés.

El mundo pertenece a los soñadores, a los que piensan que pueden lograr sus objetivos y se dejarán la piel para conseguirlos. Están por todas partes, pero no siempre se nota su presencia, son los que pasan el día en la oficina sin que nadie se entere, son los que están toda la noche en la biblioteca persiguiendo sus trabajos y sus sueños. Ni pesimismo, ni malas ideas, ni mala actitud. Se ponen el chaleco antibalas cuando pueden dispararles, se suben a la ambulancia después de horas sin dormir para ir a toda velocidad hacia alguien que les necesita. Pasan días encerrados estudiando oposiciones o exámenes de secundaria, trabajan todos los veranos para poder invitar a su pareja a cualquier cosa. Sonríen, salen un poco fiesta y se lo pasan como nadie, pero al día siguiente se ponen a currar otra vez. Se quitan tiempo de diversión, familia y amigos por perseguir lo que les gusta, son maduros. Aunque tienen presente su futuro, viven por meses, semanas y algunos hasta por días, porque saben que esto es una carrera de fondo, no de velocidad. Son optimistas, ellos son conscientes y nosotros también. Saben que sus sueños de momento son solo eso, sueños. Pero algún día dejarán de serlo para convertirse en realidades.

“El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños” Eleanor Roosevelt

Y vosotros, ¿sois soñadores?