Meses finales de curso

(imagen de grao.com)

El curso se va acabando, y en las aulas se palpa la tensión. De repente, un dia te das cuenta de que la gente no sonríe como antes. Los profesores, siendo muchos de por sí malos, ahora son más ácidos todavía, hacen bromas y se ríen. Ellos cobrarán a final de mes y luego darán carpetazo a este curso. Tu te juegas tu futuro en un mes, te juegas tener un futuro para poder cobrar o no. Los portátiles se esconden más, ya no se comparten archivos como antes. Poco a poco las cazadoras van dejando paso a los polares finos, y van apareciendo esas camisetas de manga larga que en poco tiempo será corta. Sigue leyendo

La presión psicológica

Bum-bum, bum-bum, bum-bum. Es tu corazón latiendo. Pero a veces, el ritmo se incrementa y eso nos hace sentirnos nerviosos. Eso quiere decir que ya no está alcanzando la presión.

La presión es algo, en mi opinión, completamente inevitable. Es el miedo de los estudiantes, deportistas, empresarios, bomberos o toda persona que tenga responsabilidad y un objetivo. Es lo que nos atenaza y nos afecta primero a la psique y después al cuerpo.

Realmente, lo gracioso del tema, es que la presión nos la ponemos nosotros. Pongamos un ejemplo muy claro, un penalti de fútbol. Vamos a recrear una situación, por ejemplo la final de la Champions League. Se llega al final del partido y hace falta resolver el encuentro mediante la tanda de penas máximas. Así llegamos a la situación de presión, en la que un lanzamiento que entra significa la victoria mientras que si es fallado habrá que continuar lanzando. Este caso se ha repetido en varias finales de esta competición, dando una idea de la cantidad de cosas que pueden pasar y lo impredecible que puede llegar a ser el deporte.

¿Que pasa por la cabeza del jugador que tira el penalti? Miedo, valentía, vergüenza, motivación…realmente pasa de todo. Pero la clave está en como se sepa focalizar estos pensamientos, eliminar los malos y quedarse con los buenos. Eso no garantiza que la bola vaya dentro, pero al menos alisan el camino para que esto suceda.

Hace tiempo le pregunté a Txus Vidorreta, entrenador de baloncesto en el Lucentum Alicante, de ACB, como consigue aguantar la presión a la que está sometido él y su equipo. Diariamente se habla de ellos en radio, prensa y televisión, y realizan entrevistas donde respondan a preguntas similares una y otra vez. Además, este año el Lucentum tiene problemas extradeportivos que puede llegar a afectar a los jugadores.

Su respuesta fue tajante, “la presión más importante es la que nos ponemos nosotros por jugar bien y ganar”. Toda la razón, no se puede decir más claro. En el tiro libre de baloncesto tenemos una situación similar a la descrita en fútbol. Somos nosotros los que tenemos el miedo, el balón no entrará dependiendo de nuestros pensamientos, sino de nuestras acciones.

Idéntica situación a la hora de afrontar un examen. Inevitable de nuevo la presión, o lo llevamos todo bien preparado o los nervios aparecerán en el momento menos oportuno para dejarnos en blanco y mandarnos a septiembre…

Por eso, ya que la presión es inevitable, hay que aprender a soportarla y superarla. Y para eso creo que lo más importante es haber tenido este tipo de experiencias, y por último, motivarse para superarlas.

El juego de los 64 escaques

Hay pocas cosas mejores, pocos juegos que saquen a relucir todas nuestras neuronas como lo hace el ajedrez. Sus ingredientes no son fáciles de conseguir, y la receta es más difícil todavía.

Adquirimos un juego antiguo, de una época que casi no se recuerda. Le cambiamos las reglas, añadimos y quitamos piezas, formas de moverse, etc. Volvemos a ponerlo en funcionamiento, y hacemos que todo el mundo lo juegue, desde las mentes más asombrosas hasta los más jóvenes, pasando por los famosos personajes de la historia y millones de jugadores y jugadoras desconocidos que aportan su granito de arena a esta gran obra. Entramos en el siglo XX, y de nuevo este juego vuelve a subir en popularidad, adquiere dimensiones épicas con Karpov y Kasparov, Bobby Fischer y los demás jugadores que compiten con él.

Se convierte en un juego de sabios, de artistas, de niños en las escuelas, de ancianos en los parques y de jóvenes en crecimiento. Es uno de los más estudiados, millones de litros de tinta han llenado libros con diagramas en blanco y negro. Hasta una ciencia, las matemáticas, ha encontrado su sitio entre los 64 escaques del tablero, ese lugar mítico donde se libran las mejores batallas y los cálculos son una ayuda necesaria para ganar.

Y que decir de los jugadores/as. Gente especial, dispuesta a sentarse frente a un tablero el tiempo que sea necesario hasta completar la partida o perder en el intento tras horas de contienda. Genios, extrovertidos, cínicos, temerosos o reservados, el juego es para todos. No se necesita altura, ni fuerza muscular, ni agilidad con los pies. “Solo” se requiere capacidad de análisis, para comprender la posición, planificación estratégica para trazar el plan y sentido táctico para llevarlo a cabo. Por último, la fuerza psicológica y de concentración son el envoltorio de los mejores jugadores.

Hoy este juego tan grandioso está un poco olvidado, reconozcámoslo. Se reduce a un armario o un cajón, donde no llega la luz. O a un trastero donde se encuentra un viejo tablero, rodeado de polvo sin sentido, como si fuera algo poco importante, como si no fuera probablemente el mejor juego que ha creado la humanidad.

Es como si nos estuviera esperando siempre. Como si cada vez que lo miramos nos invitara a sacar las piezas y mover. Ayer jugué al ajedrez con un buen amigo, y me sigue gustando. Analizar cada jugada, resolver los problemas y las posiciones, trazar los planes…Todo para después de un par de horas, mirar al rival a la cara y decirle “jaque mate”. Jugártela en cada movimiento cuando estás en una situación complicada, deducir una jugada del rival y que luego haga otra cosa.

Esa vibración en los dedos, esa tensión cuando tocas la pieza antes de moverla. No hay nada igual, es ajedrez puro.