Pisando fuerte en el 2014

Colourful 2014 in fiery sparklers

(Imagen de bloggingora.com)

Aquí estoy de nuevo. Desde el pasado 20 de diciembre, es decir, desde el año pasado, no actualizaba el blog.

Reconozco que me ha llamado la atención ver que todos los días entra alguien, quizás buscando una imagen enlazada, o quizás con ganas de reflexionar sobre algo. Gracias a todos, dejar tus ideas sobre un teclado para exponerlas al mundo tiene su recompensa a veces en forma de satisfacción, cuando ves que siempre hay alguien que quiere abrir la puerta y ver que hay detrás.

En el 2014 pienso pisar fuerte. Me suena raro decir esto estando a 5 de febrero, es lo que tiene el tiempo sin actualizar. Pero siguiendo con el tema, en el 2014 pienso pisar fuerte por miles de razones. Si ahora me pusiera a escribirlas no pararía, no tendrían freno mis ilusiones sobre la pantalla. Cuando un año comienza, me gusta pasar olímpicamente de la lista de propósitos, soy más de acción. Sigue leyendo

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Nuestro futuro

(Imagen de deestranjis.blogspot.com)

Y de repente me di cuenta de que no valía la pena llorar, tampoco valía la pena sufrir, lo que más valía la pena era soñar. Soñar con el futuro, con los proyectos, con las alegrías que vendrán, con los abrazos, las promesas y los objetivos cumplidos. El presente siempre había sido un regalo, nos gusta movernos en él y jugar a imaginar, hasta que nos damos cuenta de que el futuro siempre puede ser mejor. Si quizás aprovechamos lo que tenemos, si decidimos apartarnos de la línea que han marcado para nosotros otras personas, si nos atrevemos a dar un paso adelante sin temor, ahí es cuando se disfruta el futuro. Sigue leyendo

De cero a cien

(Imagen de runrun.es)

A veces, una sola frase nos hace pasar de cero a cien.

La más nublada mañana, con lluvia incluida, puede despejarse con un solo pensamiento. Es curioso, a veces me pregunto qué tenemos dentro que nos hace tan humanos, tan desequilibrantes, tan volátiles. Nuestro comportamiento es una hoja de papel en mitad del mar, meciéndose con las olas a veces sin razón y otras de forma lógica. Podemos quedarnos horas y horas mirando a través de un cristal, sin saber a donde dirigir la vista, hasta que alguien o algo nos saca de nuestra distracción con una sola palabra, un solo gesto con el que pasamos de cero a cien y volvemos a la realidad. Sigue leyendo

Lo mismo un año después

(Foto de sanitasmarcarunningseries.com)

Cuando el pasado domingo me puse las zapatillas de correr, viajé en el tiempo y pensé en lo que estaba haciendo justo un año antes, a esas mismas horas.

Era un día nublado. Entré en el vestuario de la base de Protección Civil  y salí vestido de naranja fosforito. Ese día tocaba cubrir una carrera que se celebraba en el centro de Alicante. Me puse en mi calle, con una valla azul detrás mía cortando el paso a los coches. Los inconvenientes no tardaron en aparecer, como de costumbre. Tras haber empezado la carrera, una mujer apareció subida en una moto. Insistía en que debía pasar, y yo le decía que no era posible porque se estaba disputando una carrera. En dos minutos comenzó a insultarme y a elevar la voz. Al final, se subió a la acera y atravesó la calle sin decirme nada más. Otro hombre se bajó de su coche y vino a mí a quejarse de que las calles estaban cortadas, y me preguntaba constantemente cuando se abrirían.

Yo miraba al cielo, que seguía nublado y silencioso. Comencé a oír el ruido de las pisadas de los corredores, y no hay mucho más que contar. Pasó el último y nos dijeron que podíamos retirarnos. Otro servicio más cumplido con éxito, otro día más que pensaba que eso no era lo mío. Estar en una calle “sujetando” una valla no era nada divertido.

Pero ahora volvamos al pasado domingo, el día en que yo era el corredor. Además, no solo había cambiado eso, sino también muchas cosas en mi vida. Todo da tantas vueltas que no sabemos donde podemos estar el mes que viene, ni siquiera la década que viene. En la salida, rodeado de cientos de corredores y corredoras, el ambiente era espectacular. Ajusté mi dorsal a la cintura, mientras por los altavoces nos avisaron de que quedada un minuto para comenzar. Cientos de deportistas apiñados en una pequeña calle listos para correr, todo el mundo empezó a aplaudir, incluidos nosotros. Comenzó la carrera y no paré hasta terminar los cinco kilómetros.

Durante el recorrido vi a todos los de naranja, la mayoría “sujetando” vayas. Yo no era el mismo, desde luego que no, pero eso es otra historia, de momento me centraré en la carrera. No pude evitar pasar por algunas calles y saludar a mis antiguos compañeros, cosa que me gustó mucho. Los que fueron grandes lo siguen siendo. A otros ni les saludé, sencillamente pasé por delante de ellos mirando al frente con una sonrisa de oreja a oreja y sacando pecho, como hacen los que no se arrepienten de lo que hicieron en su pasado y siguen estando orgullosos.

No era lo mismo, yo no era el mismo. Estar un año de voluntario y al año siguiente de corredor me hizo ver todo desde un ángulo distinto, y desde luego mucho más positivo. Somos lo que hemos vivido, somos experiencias. Momentos que cuando uno muere (pensaba escribir “cuando uno se va”, pero quedaba demasiado suave) se evaporan y solo permanecen dentro de los que vivieron esos momentos con nosotros. Hay que acumular experiencias, hay que atreverse a cambiar, a quitarse el uniforme y ponernos las zapatillas de correr. Hay que atreverse a competir con otros y superarse. Yo también soy el que se aburría ese día sujetando una valla, pero luego eché a correr y todo fue mucho mejor.

Atreveos siempre a dar un giro a las cosas. No tengáis miedo.

No irnos sin marcar la diferencia

(Imagen de roflsario.blogspot.com)

No puede ser que pasen los días y nadie se de cuenta de nuestra presencia. No podemos pasar por la vida como una vela a punto de apagarse continuamente. No podemos existir sin desear lo mejor a los demás, sin esforzarnos porque estén a gusto, por ayudarles cuando lo necesitan. Hay que alejar la rabia, el dolor, las malas sensaciones y la tristeza. Hay que saber sentir el sol y disfrutar de la lluvia. Hay que ser grandes en la victoria y en la derrota.

En definitiva, hay que marcar la diferencia. Esa diferencia que crea sonrisas, levanta puentes y toca vidas. Hay que saber lo que se siente al mirar a los problemas a la cara, y perder. Y luego hacer lo mismo, y ganar, tras haber caído muchas veces. Hay que jugársela, ver el momento justo para lanzarse al vacío sabiendo que hay una posibilidad entre un millón de que no lo logremos, de que fallemos. Tenemos que creer que saldrá bien. No podemos acabar el día sin habernos cruzado en la vida de nadie, sin haber sonreído. Salta, suéltate la melena, haz de una puñetera vez todo lo que quisiste hacer. Di todo lo que siempre quisiste decir. Mira a la cara sin temor, sin cerrar los ojos, atrévete. Si no lo haces alguna vez, luego te arrepentirás. 

Quizás lo más valioso que tengamos sea el tiempo, y qué hacer con él marcará la diferencia entre disfrutar o no la vida. Quizás todo esto sean reflexiones sin sentido, o quizá no. Lo que está claro es que no nos podemos marchar de aquí sin hacer ruido, por algo somos los humanos los más ruidosos de la Tierra! Si de repente pudiéramos dejar de existir y crear una nueva línea temporal, y ver que habría pasado si hubiéramos seguido vivos, seguro que el resultado nos sorprendería. 

Veríamos como jamás ayudamos a esa persona en la calle, jamás alegramos el día a ese chico joven. Nuestros amigos no nos conocieron, nuestros profesores no nos enseñaron y nuestros jefes nunca nos pagaron, sencillamente dejamos de estar ahí. Por eso, vale la pena disfrutar cada segundo. Por eso valen la pena estas reflexiones. Porque no nos podemos ir sin hacer ruido, sin disfrutar, sin querer a los demás, sin intentarlo, sin dejarnos la piel por aquello en lo que creemos. En definitiva, sin marcar la diferencia en la vida.