La enseñanza apasionada

(Imagen de herramientastrabajosocial.blogspot.com)

Hacía calor. Tanto como puede llegar a hacer un día cualquiera de septiembre en Alicante, a las cuatro de la tarde. Tanto como se puede llegar a acumular en un aula de instituto completamente aséptica, con mesas y sillas idénticas y con tuberías metálicas viajando de pared a pared. Dentro había un olor algo rancio, a cerrado, como todas las tardes. Entramos y nos sentamos, como estudiantes que éramos (aunque nunca en la vida dejamos de serlo).

Después de un tiempo estudiando cosas varias, me faltaba ver la luz en algún docente. Me refiero a la chispa, la pasión, lo que hace que alguien quiera enseñar. Porque enseñar no es ocupar un puesto en un centro de enseñanza. Enseñar es tener pasión tener ánimo, motivación, pedagogía, educar…

Y ese día llegó, sin previo aviso, un profesor delgado a clase, con barba de pocos días, y una pequeña sonrisa en la cara. Cuando se apoyó en la pizarra y nos miró, se le notaba seguridad pero también simpatía. Pero lo mejor de todo fue cuando empezó a hablar, ahí vimos y sentimos la magia. Vimos como gesticulaba con sus manos cuando nos daba un consejo, como paseaba su mirada entre nosotros sin parpadear, fija, como si quisiera conocernos más. Salpicaba los temas serios con algo de alegría, luego cambiaba el tono de nuevo y volvía al tajo. Los ojos se le abrían cada vez que nos contaba cosas interesantes y su voz llenaba el aula.

Parecía que no se callaría nunca, pero justo cuando creíamos que nos cansábamos, nos dimos cuenta de que no queríamos que se callara. Queríamos que siguiera, y así llegó el final de la clase, se despidió y nos dijo que nos veríamos al día siguiente. Eso es un profesor.

¿Tienes dignidad?

Una viñeta que viene de perlas para este post (imagen de ura-sevilla.blogspot.com)

Hacemos las cosas porque nos gustan. Nos gustan tanto, que la gente se junta en organizaciones para hacerlas, son de muchos tipos y algunas incluso hacen un servicio a la sociedad en forma de voluntariado. Cuando entras en un sitio como ese, uno tiene claro que va a hacer lo que le gusta, invirtiendo su tiempo libre en ello. Conforme pasa el tiempo, si se está a bien, se puede llegar a sentir orgullo. Todo funciona, es como un reloj perfectamente engrasado, una danza de bailarines expertos o una jugada de ajedrez inmejorable. La gente te mira y te apoya, les gusta lo que haces y te lo reconocen. Descubres que hay pocos lugares mejores, porque la materia prima de la que están hechos los sueños y las cosas es la actitud, y en estos sitios sobra actitud. Todo se hace porque uno quiere, te sientes bien, completo. Te das cuenta de que el sueldo no es necesario, formas parte de un grupo de gente que a los ojos de otros son locos, pero que con un simple “gracias” se consideran ricos. Sigue leyendo

Meses finales de curso

(imagen de grao.com)

El curso se va acabando, y en las aulas se palpa la tensión. De repente, un dia te das cuenta de que la gente no sonríe como antes. Los profesores, siendo muchos de por sí malos, ahora son más ácidos todavía, hacen bromas y se ríen. Ellos cobrarán a final de mes y luego darán carpetazo a este curso. Tu te juegas tu futuro en un mes, te juegas tener un futuro para poder cobrar o no. Los portátiles se esconden más, ya no se comparten archivos como antes. Poco a poco las cazadoras van dejando paso a los polares finos, y van apareciendo esas camisetas de manga larga que en poco tiempo será corta. Sigue leyendo

Vacaciones, entre comillas

(imagen de escuelaenlanube.com)

Pues ya han llegado las vacaciones, aunque sean entre comillas.

¿Os acordáis de esos días en los que no se podía salir a las calles de Alicante por el calor? ¿De semanas en las que no había nada que hacer? Se acabaron hace mucho. El primer trimestre escolar acaba antes o después, pero casi no nos hemos dado cuenta de todo lo que ha ocurrido desde que allá por septiembre comenzamos las clases tras la época estival. En mi caso, somos un curso que los profesores llaman “terminal” (es como si nos dijeran que somos pacientes terminales…). Es decir, que después de este curso cambiarán asignaturas, horas de clase, etc y todo será distinto, así son las leyes de educación. Eso quiere decir que quien no apruebe este año tendrá un problema de los gordos, porque si el año que tiene tiene que cursar de nuevo una asignatura, quizás no pueda y tenga que repetir todo. Es injusto, pero es así.

Por tanto, con la mentalidad de quien sabe que se dirige a un callejón con una sola salida, mis compañeros y yo afrontamos estas vacaciones con mucho trabajo por hacer, varios exámenes para estudiar y sabiendo que a partir del 7 de enero nos la jugamos, y nos la jugamos de verdad. Ya no hay vuelta atrás. Para colmo, nuestro último trimestre es de prácticas, por tanto el curso realmente acaba en febrero o principios de marzo.

Habrá que jugársela.