Un jugón de las ondas

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Es inevitable que piense en baloncesto y recuerde a Andrés Montes.

Es una de esas voces que no se borran, un acento que marca, una manera de narrar cualquier partido de cualquier deporte que engancha y deja pisotones. Hoy hace siete años que nos dejó, y parece que fue ayer mismo cuando narró la victoria de la selección española de baloncesto en 2006, con Pau llorando desde el banquillo. Sigue leyendo

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La camiseta de los campeones

La nueva camiseta de la selección española de baloncesto (imagen de marca.com)

 

Hace no muchos años, los deportistas españoles soñaban con ser campeones. No me refiero campeones de una competición en concreto, sino campeones en general, deseaban que el mundo nos mirara con otra cara, con otro gesto.

Se trabajó desde la base, apostamos por las canteras, los niños prodigio, las horas de gimnasio y el talento. El talento es fundamental para el éxito, pero ese talento debe ser guiado a través de los desafíos, y así poco a poco llegará a convertirse en algo mucho más grande. Los demás países nos miraban desde arriba, como si fueran gigantes a punto de aplastarnos en las canchas de baloncesto, los verdes campos de fútbol y la tierra batida del tenis. Hasta que de, un día, nos dimos cuenta de que las cosas estaban cambiando.

Siempre recordaré el mundial de baloncesto de 2006 como el punto de inflexión del deporte español, al menos para mí. Cuando Pau y los chicos de oro alzaron la copa en Japón, algo cambió para siempre. A partir de ese momento, y sobretodo después de los triunfos que vendrían (fútbol, motociclismo, tenis, F1, ciclismo, balonmano…) ser español dejó de ser un excusa, y con el tiempo se convirtió en una responsabilidad.

Antes era una excusa porque nosotros hacíamos que lo fuera. La furia roja estaba muy bien, pero no se reflejaba sobre el campo en absoluto. Volvíamos a casa criticando a los deportistas, de cualquier deporte, por ser egoístas, por no esforzarse, pero todo eso cambió. La camiseta ganó peso, las nuevas generaciones, esas que tantas horas se han pasado entrenando y trabajando cuando nadie les ve, han entendido perfectamente la importancia de vestir la misma camiseta que Pau, Nadal, Iniesta, etc.

Hace pocos días fue presentada la nueva camiseta de la selección de baloncesto. Lo que antes era un pensamiento e incluso una campaña publicitaria de Nike (fabricante de la camiseta) ya se ha convertido en un lema y está bordado en la parte posterior del cuello de la camiseta. Ser español ya no es una excusa, es una responsabilidad. Sintámonos orgullosos de nuestros deportistas.

Os dejo el enlace del video.

http://www.marca.com/videosmarca/?v=blP2b10SKpj

Pau de oro

Pau, después de anotar un triple contra Rusia (imagen de vavel.com)

Hagamos un pequeño viaje en el tiempo con Pau Gasol.

Es 3 de septiembre de 2006. Pau está en el interior del pabellón de Saitama, en Japón, y una gran sonrisa se dibuja en su cara. Sus compañeros acaban de ganar el campeonato del mundo de baloncesto. Él, lesionado, ha vibrado con cada canasta hasta el final. Es designado MVP del torneo y se emociona.

Ahora pasamos al 16 de septiembre de 2007, apenas un año después. Estamos en Madrid, en el palacio de los deportes. Es el campeonato de Europa, y Pau no está en la grada, sino en la pista. Jugamos contra Rusia pero vamos perdiendo 59-60. El público contiene la respiración, acabamos de ganar un mundial y no podemos perder, jugando en casa deberíamos ganar. Tendremos un último balón, y en ese momento todo el mundo sabe quién se la jugará, Pau.

Lanza el último tiro y España se paraliza, cuarenta millones de habitantes contienen la respiración mientras el balón naranja vuela hasta el aro. Lo toca, entra y sale disparado. Los árbitros pitan el final, hemos perdido. Nuestro protagonista cae en la pista y se queda tumbado tapándose el rostro, está destrozado. Sus compañeros le levantan. En la entrega de medallas Pau está muy serio. Al día siguiente un periódico publica “Perdieron el partido…pero ganaron en el corazón de todos los españoles”. Y tiene razón.

Al año siguiente, en 2008, juega una final olímpica que perdemos contra Estados Unidos. En 2009 ganamos el campeonato de Europa, en 2010 nos quedamos fuera del mundial (sin Pau) y en 2011 de nuevo otro campeonato europeo.

Resumiendo, cuando está Pau, España es de oro.

Ayer volvió a ocurrir. España se jugaba estar de nuevo en una final olímpica. Jugábamos contra Rusia, que empezó adelantándose en el marcador, pero no nos dejaríamos vencer tan fácilmente, para ganarnos hay que sudar y mucho. Comenzó la remontada y los rusos poco pudieron hacer, acabamos ganando el partido 67 a 59.

Cuando acabó, Pau habló a los micrófonos y contó el secreto del equipo. Habló de eso que hace que un equipo sea invencible, de eso que engrandece al deporte, de lo que significa jugar juntos:

“Somos una unidad. Vivimos y morimos juntos. Ese es nuestro orgullo. En los momentos de ansiedad, cuando peor van las cosas, nos unimos y pase lo que pase lo hacemos juntos, esa es la razón de nuestro éxito durante tantos años”

No hay mucho más que añadir. Mañana jugamos una final olímpica contra Estados Unidos. Y si pase lo que pase, vivirán y morirán juntos, como un equipo de oro.

Otra canasta para España

Pasó ya hace muchos años, en el 2006. España ganaba el mundial de baloncesto, muchas emociones contenidas. Hoy toca otra final, y a poco más de media hora del gran momento, muchos contenemos la respiración.

Quisiera compartir con vosotros algunas reflexiones…

En el deporte, como en la vida, las cosas son efímeras. Vienen y se van. Un partido empieza y acaba para siempre, un jugador tiene su momento, quizá luego tenga otro, y luego llega otro jugador que ocupa su lugar, y así funciona todo. Este momento es de oro. La ilusión ha vuelto después de años de ausencia, campeonatos olvidados y vestuarios irreconocibles, ahora somos España. Ya no vamos con la cabeza baja, ya no somos la revelación, la sorpresa del torneo, sino el rival a batir. Somos vistos como un rival duro pero apetecible al mismo tiempo, por que perder contra nosotros entra dentro del guión, pero ganar puede ser tocar la gloria.

Así nos ven las selecciones, los jugadores, los entrenadores, el mundo. Desde que conquistamos el mundial en una cancha a miles de kilómetros de España, por todo el país surgió una ola de baloncesto que lo invadía todo. Se escribieron libros y se filmaron reportajes sobre la victoria de España, de repente parecía que a todo el mundo le gustaba el baloncesto. Yo me engaché, me compré un balón Molten, el oficial, y empecé a bajar para jugar.

Nuestra imagen cambió no solo en el basket, sino en otros deportes. Dos años después, en 2008, el fútbol nos daba otra alegría. Y el año pasado nos dió otra, ahora también somos campeones del mundo de fútbol. Y en tenis, ciclismo, fórmula 1, motociclismo, kite surf…Somos mejores. No sería descabellado pensar que gracias a nuestros deportistas hemos creado más deportistas. Hoy, sin que lo sepamos, los futuros jugadores que defenderán nuestra camiseta por el mundo están sentados en los pupitres de los institutos. Los vemos cuando vamos al cine, sin conocerlos. También van a comer donde vamos nosotros, están en las aulas de los cursos de entrenadores de todos los deportes. Están en los campos de cemento, tierra, césped artificial y natural, están en las canchas de parqué y las pistas de hielo de los pabellones.

Se están formando mirándose en el mejor espejo de nuestra historia deportiva, viviendo un momento único y totalmente repetible hasta no se sabe cuando. Quizá hasta el momento en que ellos comiencen a aparecer en el mundo del deporte.

Ese chico que veíamos ayer en la cola del cine mañana lo verás por televisión jugando un partido internacional en algún país extranjero. Esa chica que ayer se reía con sus amigas en la terraza del bar mañana estará concentraba al máximo antes de empezar su competición, entonces respirará hondo, mirará al frente y dará un paso adelante. Son de los nuestros, son los que tenemos que cuidar.

Por que el deporte no aporta cosas solo en la pista, también fuera de ella. Es un canalizador único de valores, sensaciones, sentimientos, pasiones…

Si les cuidamos, si les arropamos en su trayectoria y les enseñamos lo mejor que tenemos, cumpliremos nuestra parte del engranaje del que todos formamos parte, y conseguiremos nuestro objetivo tanto ellos como nosotros: ser mejores personas.

Y creerme que el deporte tendrá mucho que decir en esto.

Otra temporada

 

Si, ya ha llegado, otra temporada más de deporte.

El fútbol seguirá su curso, como siempre, y los dos grandes se batirán por las copas mas prestigiosas, como siempre. Quizás sea cierto lo que dicen algunos, quizás nuestra liga haya perdido atractivo. Está claro que Barça y Madrid están en un nivel superior, sus equipos tienen jugadores que son titulares en sus selecciones, y algunos de los que está en el banquillo se cuentan entre los mejores jugadores del mundo. Sus caminos se cruzarán antes o después.

El balonmano también. Después de una temporada única, el Mar Alicante vuelve a la carga. Nuevas caras, misma ilusión por ganar y dejar de nuevo el pabellón de Alicante bien alto, algo que no hacen otros equipos de la ciudad, demasiado crispados por luchas internas. Parece que nuestras chicas tendrán que llevar la batuta y enseñar a los demás como se juega, como se compite y cuál es la mejor manera de hacer grande a un club, tanto en la pista como en los despachos. Y nosotros, por supuesto, seguiremos orgullosos de ellas y apoyándolas siempre, son un ejemplo, un espejo en el que mirarse.

Fernando Alonso, hará lo posible y lo imposible, pero de momento sus resultados no son los esperados. Parece que el gran revuelo mediático que provocó en su día la “Alonsomanía” esta llegando a su fin, o al menos ha decrecido un poco. Confió en que vuelva a tener su momento, su mundial, que vuelva a demostrar que es un auténtico campeón.

En el motociclismo seguimos imparables. Es una realidad la consecución de títulos mundiales por parte de pilotos españoles, vemos la bandera casi siempre en el podio. Una muestra más de lo que somos capaces.

El football no es menos. Con los Sharks a punto de empezar una liga nacional, haciendo historia de nuevo. La ilusión de jugarla es solo comparable a la dificultad que entraña esta encomiable tarea, que afrontamos con humildad, jugada a jugada, pulgada a pulgada. No nos rendiremos.

Este año me lo pienso pasar bomba con el deporte. Pienso ver más partidos, leer más crónicas y repasar más resultados que nunca. Pienso empaparme, saber como van las ligas de baloncesto, balonmano, football, el mundo del motor, ir a ver partidos de todos los deportes…será, de nuevo apasionante.