El fusil contra el bolígrafo. #JeSuisCharlie

(Imagen de Francisco J. Olea, @oleismos)

Los fanáticos han vuelto a hacerlo. Su estilo no ha cambiado demasiado. Cubriéndose la cabeza con un pasamontañas, entrando en la redacción de Charlie Hebdo con una AK-47, en pleno centro de París, disparando a todo el mundo. Al salir, remataban de un disparo en la cabeza a un policía herido y desarmado. Métodos cobardes de escoria cobarde, como todos los fanáticos que matan por algo que creen superior a ellos. Son lo más bajo de la Humanidad.

Piensan que así se vengan…tienen la cabeza tan lavada y tan vacía que han perdido su conciencia. Sin nada que perder, sin nada que buscar, se creen a pies juntillas lo que les dicen sus “superiores”, líderes religiosos con delirios de grandeza que son obedecidos ciegamente, y matan por unirse al rebaño fanático, por ser alguien importante para su familia. Sigue leyendo

Boston

(imagen de twitterheaders.co.uk)

No recuerdo como me enteré primero, si por Twitter o por la televisión, pero cuando supe que dos bombas habían explotado en la maratón de Boston, me encendí de rabia. Parece que ahora las competiciones deportivas tampoco están a salvo de los terroristas. No hay justificación posible, poner una olla repleta de clavos y metralla en plena tribuna y hacerla estallar es un acto cobarde. De momento ya vamos por tres víctimas y cientos de heridos. El terror inundó las calles de Boston, provocando sensaciones muy parecidas al 11-S.

Las televisiones volvieron a cambiar su programación, Estados Unidos se volcó con la tragedia y a las pocas horas ya había testimonios detallados y videos circulando por internet. La velocidad a la que se propagaba la información me sorprendió de nuevo, aparecieron fotografías algo impactantes sobre la tragedia. En poco tiempo, el hashtag #PrayForBoston (rezar por Boston) inundó las redes sociales. El año que viene la maratón se volverá a correr, es la mejor manera de demostrar que el mundo no se rinde ante el terrorismo.

Para terminar, os dejo con un precioso artículo que Oscar Vazquez, periodista y maratoniano, ha publicado tras los atentados de Boston.

11 años desde ese día

Las torres gemelas (imagen de megaconstrucciones.net)

Hace once años, a estas horas, yo estaba en casa. Miraba la televisión embobado, sin entender mucho de lo que contemplaba.

Dos torres ardiendo se alzaban en Nueva York. Otro avión se había estrellado en el Pentágono. Las noticias no paraban, Matías Prats seguía en Antena 3 apoyado en la mesa, sin chaqueta, contando lo que sucedía. Las conexiones eran confusas, las imágenes se repetían en un bucle y se alternaban con la señal en directo que mostraba los edificios ardiendo. La gente en la calle se había quedado paralizada, en vez de huir de las torres se quedaban mirando, no entendían que ocurría ni porque. Algunos gritaban mientras se veía gente saltando desde las ventanas, era horrible.

Esos dos aviones significaron demasiadas cosas. Al día siguiente, ya escuchaba comentarios por los pasillos de mi colegio que hablaban sobre la tercera guerra mundial, mientras los profesores no sabían dar una respuesta clara, todo el mundo estaba confundido. El mundo contuvo la respiración mientras Estados Unidos buscaba al culpable. Las guerras de Afganistán e Irak fueron consecuencias de los atentados. Los americanos, por primera vez, eran atacados en suelo estadounidense, algo prácticamente nuevo para ellos. No sabían lo que es esconderse de las bombas alemanas en el metro de Londres durante la Segunda Guerra Mundial. Tampoco habían experimentado la radiación de la bomba atómica que lanzaron ellos sobre Japón, ni las granadas incendiarias que arrojaron bombarderos americanos en los barrios residenciales de Berlín. Sigue leyendo