Las emergencias mientras duermes

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(Imagen de cienciaonline.com)

El sol se agota y se encienden las luces de la ciudad. Tú te vas a dormir como cada noche, sin saber que otros no dormirán. De hecho, no dormirán para que tú puedas dormir. Lo llaman trabajo vocacional, o trabajo simplemente. Y como tal, lo hacen lo mejor que saben para que nada te moleste, para que no llegue hasta tu puerta ningún vehículo destellando luces naranjas, rojas o azules. Son los cuerpos de emergencias.

Mientras entras en sueño profundo, en algún lugar un policía se acomoda en el asiento de su coche mientras pisa el acelerador para dirigirse a toda velocidad hacia un apartamento, donde un maltratador acaba de agredir a su mujer delante de sus hijos. No saben qué se encontrarán, pero eso no importa, entrarán igualmente sin amedrentarse por la situación.

Te das la vuelta en la cama y una ambulancia llega en la autopista a un accidente de tráfico. Casi no hay luz. Un coche y una moto han colisionado. Hay gente atrapada en el coche y los bomberos aún no han llegado. Harán lo que puedan.

Se da una paradoja curiosa en este tipo de trabajos. Por mucho que te guste hacerlo, no quieres que a nadie le pase nada. Así que esperas que nunca te llamen, por extraño que parezca. Esperas una noche sin avisos, tranquila. Se prefiere la tensión de la espera a la actuación en la emergencia, que de entrada no suele traer nada bueno. De hecho, lo que siempre trae es dolor.

No somos conscientes de todo el dispositivo que está montado todos los días del año, las 24 horas, para que todo funcione. En otro sitio, un bombero termina de ponerse el casco, se ajusta un arnés a su cintura y se dispone a descolgarse desde el cuarto piso de un edificio, en el patio interior ha caído una persona y no hay otra forma de llegar a ella. La ambulancia ya está en camino, pero si ellos no hacen el rescate de poco servirá lo demás.

Un operador del 112 está junto a su ordenador, esperando que no aparezca en la pantalla ninguna luz que anuncie una emergencia. A lo mejor has hablado con ellos alguna vez si has llamado al 112. Son los primeros que reciben información.

Miles de personas alrededor tuya con muchas horas de formación, organización, experiencia y vocación. Cada uno en lo suyo es imprescindible y juntos son el mejor equipo, lleven el uniforme que lleven, porque en esta familia nadie lucha solo. Se encuentran y se ponen a trabajar, luego se dan la mano, las gracias y cada uno a su base. A esperar al siguiente aviso, o a dormir, o a repasar qué ha salido bien y qué ha salido mal. A veces quieren olvidar lo que acaban de ver. A veces incluso son voluntarios y no cobran ni un euro, dedican su tiempo a los demás sin esperar nada a cambio.

También hay momentos bonitos y risas después, sobre todo cuando la actuación sale bien y saben que han marcado la diferencia. Saben que han ganado la carrera, que la línea fina que hay entre lo bueno y lo malo no se ha roto, se ha mantenido firme apuntalada por ellos. Ese es el mayor orgullo, saber que has ayudado estando donde tenías que estar. No hay nada como el trabajo bien hecho.

Porque aunque no sepas que es estar en la camilla de la ambulancia mientras vas al hospital, ni como llegarían hasta ti en mitad de un incendio, ni como te rodearía la policía para protegerte, quizás tengas un amigo o familiar que sí lo sabe, que sí lo ha vivido. Y todo eso lo hace posible gente como tú, trabajando años y años en lo que les gusta para salvarte a ti, que duermes para descansar antes de empezar tu día de nuevo. No quieren tener que entrar en tu casa con uniformes chillones mientras duermes, quieren que sigas durmiendo tranquilamente, te lo aseguro.

Están también en grandes eventos, alerta junto a ti mientras tu estás de fiesta, están luchando contra el terrorismo, en las redes sociales, en las playas, en muchos sitios donde no puedes verlos, pero están siempre. A veces se juegan la vida, o tienen que disparar, o se esfuerzan en reanimar hasta que no pueden más. O se ven superados por la situación y necesitan contárselo a alguien. Son humanos.

Y muchas veces lo hacen con pocos camiones de bomberos, con pocos agentes, con pocos sanitarios que aún no tienen una especialidad reconocida. Y lo siguen haciendo, porque lo mejor que tenemos son las personas, y esas personas siempre valen la pena.

Y, por si tenías dudas, durante el día ocurre exactamente lo mismo. Valóralo.

 

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