La tumba mediterránea

Otro naufragio, y no sé cuantos llevamos ya. Todo comienzan a ser números redondos en lo que se refiere a los viajes de inmigrantes por el mediterráneo, y creo que eso no es bueno, porque tiene a relativizar las cifras gracias a su inexactitud. También tendemos a relativizarlo porque creemos que nos afecta de lejos, que eso no ocurre aquí.

El pasado 11 de marzo se rescató a los inmigrantes de una patera. Eran 13, pero habían salido 21. El pasado sábado 18, se hundió en aguas libias un barco casi 1.000 inmigrantes a bordo. La cifra cuesta de creer. Aún se están recuperando los cadáveres mientras en la UE siguen las reuniones, cumbres, etc. Pero esto ha sido tan escandaloso que se ha convocado otra reunión solo para hablar de este tema.

Porque por fin han querido reconocer que el problema no es de Italia, ni de España, ni de nadie en particular. Es de todos. También de la inestabilidad de la región, de las guerras civiles, de las guerrillas africanas que impulsan a la población a ir al norte a buscar paz, de las bombas que asolan las ciudades de Libia, de los terroristas que desean implantar el Estado Islámico en el continente negro. En el primer trimeste de 2015 más de 57.000 personas han intentado cruzar, unos lo han logrado y otros no. 

(Foto Massimo Sestini. Rescate de inmigrantes por una fragata italiana el 7 de junio de 2014)

Maurizio Scalia, un fiscal de Palermo que acaba de dirigir una operación donde se ha detenido a componentes mafiosos del norte de África, afirma que hay cerca de un millón de inmigrantes en el norte de África esperando para zarpar hacia Europa. 

Como Ribka, un inmigrante que llegó hace dos años a Lampedusa. Tenía 26 años cuando se subió a un pesquero en Libia tras pagar 1.200 euros a una mafia. Decía que “Todos sabemos que podemos naufragar, resultar heridos o que nos devuelvan enseguida a nuestro país, pero las ganas de dejar de sufrir allí, de tener un futuro en Europa, son mucho mayores”. Su pesquero se hundió y Ribka sobrevivió agarrándose a los cadáveres de sus compañeros. Ahora trabaja cuando se lo permiten en un taller de Catania, limpiando el local.

Y todo sigue como si no pasara nada. Miremos la viñeta que abre esta entrada y reflexionemos un poco…

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Un comentario en “La tumba mediterránea

  1. Pingback: Las nuevas rutas de la inmigración | Desde Alicante

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