Soñando despiertos

(Imagen de thehasbeenhymn.files.wordpress.com)

Están ahí fuera, como escondidos.

¿Alguna vez habéis visto a esa gente que pasea sola por los parques? ¿y por la playa? ¿y por el bosque? Yo sí. De hecho, llevan ahí desde mucho antes que yo, y se quedarán ahí cuando me haya marchado de esta vida. Son como testigos del encanto escondido en el pasar de las horas, los días y los años. Son como ese rocío eterno que siembra medio mundo antes de que abramos los ojos por la mañana. Son soñadores. Gente que sale a dar una vuelta por el simple hecho de anhelar tiempo para pensar, horas para sí mismos.

Los llamo soñadores porque estoy seguro de que sueñan. No puede ser de otro modo. Cuando estamos con nosotros mismos, cuando el reloj parece congelado entre el tic y el tac, es cuando nuestra mente funciona con más lucidez. Como si se tratara de un motor esperando la temperatura exterior concreta para arrancar. Justo cuando la mente leva anclas y comienza a navegar es cuando fabricamos cosas. Y las más preciadas de esas cosas se llaman sueños.

Lo vemos todo en blanco. Entonces cogemos el lápiz, lo agitamos al sol y comenzamos a moverlo sobre el lienzo. Así hasta que figuras que no conocemos se destacan sobre el fondo color infinito. Así hasta que comprendemos el camino a tomar, su belleza, dificultades, y pasiones por descubrir. Y cuesta, claro que nos cuesta. Pero nadie nos dijo que fuera fácil. De hecho, nadie nos dijo ninguna verdad, solo frases petrificadas escritas en el ideario colectivo sobre el optimismo y el culto a la vida, todas ellas inútiles. No, a esa gente le gusta pintar cosas nuevas. Caminos ocultos, rutas alternativas y experiencias aleatorias.

Los veo y no dejo de preguntarme que estarán pensado. Se mueven entre los bancos del parque y los columpios de la playa sin prisa, sin pausa, etéreos. Como si estuvieran sin estar. Se pueden intuir sus mentes trabajando a toda velocidad, se puede sentir el viento proveniente del mar agitando sus ideas al igual que su pelo. Se les ve pensativos, pero a la vez calmados, así son los soñadores. Además, tienen la virtud de disfrutar del momento, sabiendo que todo futuro comienza en el primer segundo del mismo, en el momento en que lo han planeado.

Todos deberíamos ser soñadores.

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