Desconectando en San Juan

Playa de San Juan (imagen de alicanteturismo.com)

¿Alguna vez habéis salido de casa para buscar un sitio tranquilo? ¿Alguna vez habéis querido desconectar y escuchar el silencio?

El viernes por la noche me subí al coche con muchas ganas de encontrar uno de esos sitios mágicos. Un lugar donde se escuchara poco o nada, donde el viento fuera suave y las ideas pudieran volar como cometas amarradas a mi mente. Consideré la posibilidad de buscar un lugar alto, pero a esas horas y con algo de frío no sería cómodo. Lo siguiente fue encontrar una playa…y me fui directo a la playa de San Juan.

Bajé del coche con la vista puesta en el resplandor de la luna llena sobre el agua. Algunas personas paseaban, hacían deporte o sacaban a sus mascotas, pero casi no se veía a nadie en el paseo. Nada más poner el pie en la pasarela de madera que se adentraba en la arena y avanzar, el ruido se atenuó como si hubiera un biombo entre la ciudad y yo. Me adentré hasta el final de la pasarela y caminé hasta acercarme a la orilla. Solamente se oían las olas del mar, y todo estaba muy bien iluminado por la luna. Miré a ambos lados y la vista parecía una foto de postal. Las luces anaranjadas de la ciudad morían en la arena, para tornarse en oscuridad y luego volver a brillar de color plata en el agua, en constante movimiento, mientras un viento intermitente movía las palmeras. Campello deslumbraba y más allá se veía un poco de las playas y la isla de Benidorm. Al otro lado aparecía fugazmente el faro de Santa Pola y el Cabo de las Huertas.

Todo estaba en silencio, pero a la vez el murmullo constante de las olas formaba como una banda sonora en la orilla. No veía ninguna silueta por la arena, nadie, solamente yo. Me senté al final de la pasarela y distinguí las estrellas a lo lejos, recordando formas conocidas. Dejar volar la imaginación es fácil así, ves tanto espacio delante tuyo, te sientes tan pequeño que te das cuenta de todo lo que puedas llenar todavía con tu vida. Creo que ver las cosas con perspectiva siempre ayuda a conseguir metas y aumentar la motivación. Y así, en plena noche, estando solo en una playa de ocho kilómetros de largo en total y cien metros de ancho, las cosas parecen mucho más fáciles de lo son en realidad. Todo toma otro color, como si los problemas a la luz de la luna rebajaran intensidad, como si nos encontráramos a nosotros mismos al dejar de pisar la acera del paseo y adentrarnos en la arena una vez más. Cuando nadie mira es cuando nos dedicamos tiempo a nosotros, y vale la pena.

Para la próxima vez, lo ideal sería que hicieran algunos grados más y llevarme una silla de playa, así la experiencia rozaría la perfección. Os recomiendo la experiencia.

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