De cero a cien

(Imagen de runrun.es)

A veces, una sola frase nos hace pasar de cero a cien.

La más nublada mañana, con lluvia incluida, puede despejarse con un solo pensamiento. Es curioso, a veces me pregunto qué tenemos dentro que nos hace tan humanos, tan desequilibrantes, tan volátiles. Nuestro comportamiento es una hoja de papel en mitad del mar, meciéndose con las olas a veces sin razón y otras de forma lógica. Podemos quedarnos horas y horas mirando a través de un cristal, sin saber a donde dirigir la vista, hasta que alguien o algo nos saca de nuestra distracción con una sola palabra, un solo gesto con el que pasamos de cero a cien y volvemos a la realidad.

Nos sentimos tristes al recordar y luego sonreímos por lo que lo disfrutamos mientras duró. Nuestra mente pasa de cien a cero cuando se vuelve pesimista. Quizás millones de años de evolución nos han hecho querer ser grandes y ser extremos, es decir, pensar en todo o nada, sin medias tintas. Quizás siempre queremos marcar la diferencia, darlo todo, esforzarnos al máximo. A veces somos como un ordenador, solo pensamos en ceros y unos. Y cuando ha pasado el tiempo nos preguntamos cómo ha ocurrido, cómo hemos podido ser tan tontos por desanimarnos o tan ingenuos para ilusionarnos. Y golpeamos nuestro corazón diciendo que no volverá a ocurrir, pero en lo más profundo sabemos que somos vulnerables y que nuestro cerebro nos engaña, porque no podemos evitar el error, solo podemos intentar no equivocarnos. Volveremos a caer y resurgiremos de nuevo, ese es el juego favorito de nuestra especie.

De entre todos los estímulos que nos hacen pasar de la alegría a la tristeza y viceversa, el que más me llama la atención son las frases, sencillamente las frases. Una frase célebre, una frase de un amigo…a veces solo basta eso para darle la vuelta al día, ¿no os pasado nunca? Sin duda, infravaloramos estas cosas. Una pequeña conversación motivadora siempre es más útil que un café, sobretodo si estamos hablando del café que nos tomamos con el compañero de despacho, mucho más amargado que nosotros por cualquier motivo. A veces vale la pena, dejar ese mensaje de Facebook, o hacer esa llamada.

Y sobretodo, no dejéis nunca de decir lo que queréis decir. Si se quiere a alguien, hay que decirlo, y si hay algo mal, también. Cuando pase el tiempo, todos habremos sido sinceros. Todo habremos vivido esos momentos en que, cuando más lo necesitamos, nuestra gente nos motiva y hace que pasemos de cero a cien en un instante.

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