Exceso de silencio

(Imagen de genoveses.blogspot.com)

Últimamente me he dado cuenta de que cada vez hablamos menos. Quizás, ahora que reflexionáis sobre ello, hayáis llegado a la misma conclusión.

Ocurre en todas partes, en las paradas de autobús, los ascensores, las colas del supermercado. Miras a tu alrededor y lo que más se ve es gente con el móvil en la mano tocando la pantalla sin pestañear. Vivimos demasiado rápido en un mundo donde a pesar del silencio entre nosotros tenemos mucho ruido a nuestro alrededor. Si os paseáis por la calle, escucharéis a los coches, al viento entre los edificios y quizás la sirena de algún coche de policía. Pero ¿cuanto hace que no tenéis una buena conversación? ¿cuanto hace que no os ponéis a hablar con vuestra mejor amiga de cosas importantes? No me refiero a contarse las penas, me refiero a cosas importantes de verdad.

Mucha tecnología, mucho whatsapp, innumerables redes sociales…y todo eso para alejarnos. No deja de ser una paradoja interesante, hemos creado más tecnología para comunicarnos y eso mismo hace que nos separemos. A veces el silencio nos cubre como una manta en invierno y nos refugiamos en nuestro teclado de móvil, que nunca nos pondrá una mala cara por no hacerle caso. Nunca nos rebatirá el hecho de ignorarle el tiempo que queramos, nunca tendrá celos. Los seres humanos, sí. No es necesario que arrojemos los móviles al mar, y tampoco que desconectemos los ordenadores, basta con querer volver a hablarnos. Me sigue pareciendo mucho más interesante la idea de tomar algo con un amigo a la de estar tres horas hablando con whatsapp con alguien, sea quien sea. Irte a un bar, sentarte, relajarte, pedir el café/refresco/batido, ¿hay algo igual? 

Comentaban en la televisión hace poco algunos expertos que las redes sociales nos dan una idea distorsionada de nuestro círculo social. Nos hacen creen que tenemos cientos de amigos, y no siempre es así. Los amigos son, en mi opinión, los que viven en nuestra ciudad y vemos habitualmente. O al menos aquellos a los que nos sentimos muy unidos. Cuando tenemos gente con la que solo hablamos una vez al año para decirles “felicidades”, quizás no son tan amigos.

Pensad sobre ello, llamad a alguien para tomar un café y veréis la gran diferencia que hay entre lo digital y lo real.

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