Encajando la amistad

(Autor: Khoon Lay Gan)

Me quedé mirándola un tiempo, tenía curiosidad por conocerla más. Cuando ella me vio no hice nada por esconderme, al contrario, salí a su encuentro, la saludé y comencé ha hablar con ella. No tratábamos nada en concreto, le hacía preguntas sin sentido, pero todas las respondía muy bien. Solo me interesaba su actitud. Comencé a pensar que sería un/a gran amigo/a.

Esto os suena, verdad? Es una escena que todos hemos vivido alguna vez, cuando nos encontramos con él o ella, y nos damos cuenta de que podemos ganar un amigo. Nos damos cuenta de que hay conexión. Hace tiempo, en la cresta de mi timidez, pensaba que era algo complejo, algo reservado a aquellos que tienen carisma, don de palabra y habilidades sociales exageradas. Para nada. Lo que parecía una gran montaña que rozaba con sus picos las nubes blancas resultó ser un bulto de tierra por el que se puede pasar fácilmente.

La clave está en conocer a las personas. Si, conocemos a gente desde hace años pero, ¿y los demás? ¿Les conocemos tanto como pensamos? Ponerse a hablar con alguien no es difícil. Así podremos encajar la amistad, descubrir a muchas personas y aprender de ellas. Las tenemos alrededor, quizá es la chica que nos pone el café o el chico de la tienda de móviles, que más da. Si podemos dedicar un momento a escucharles, si podemos parar nuestro reloj y dedicarles unos minutos, quizá aprendamos cosas. Quizá nos enseñen lecciones que no sabíamos y nos abran nuevos horizontes. Quizá el que hoy es un desconocido dentro de unos años será un gran amigo. Vale la pena jugársela e intentarlo. Así podremos tener momentos de oro.

Piensa que, hace tiempo, esos mismos amigos que tienes seguramente llegaron así a tu vida. Te tropezaste, o miraste a un sitio donde no pensabas hacerlo, o te equivocaste de libro, y de repente ahí esta. Esa persona con la que hablaste te vio otro día, y luego tomaste algo con él o ella. Luego llegaron las fiestas, las horas en el parque con el grupo de amigos y las penas compartidas. Llegaron las largas conversaciones de whatsapp, las lágrimas al volver a leerlas y el arrepentimiento por la discusión absurda. Finalmente llegó la reconciliación y la amistad se hizo más fuerte. Nunca hubo amor sentimental, ni atracción sexual, solo hubo lo mejor que puede haber, amistad.

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