Lo mismo un año después

(Foto de sanitasmarcarunningseries.com)

Cuando el pasado domingo me puse las zapatillas de correr, viajé en el tiempo y pensé en lo que estaba haciendo justo un año antes, a esas mismas horas.

Era un día nublado. Entré en el vestuario de la base de Protección Civil  y salí vestido de naranja fosforito. Ese día tocaba cubrir una carrera que se celebraba en el centro de Alicante. Me puse en mi calle, con una valla azul detrás mía cortando el paso a los coches. Los inconvenientes no tardaron en aparecer, como de costumbre. Tras haber empezado la carrera, una mujer apareció subida en una moto. Insistía en que debía pasar, y yo le decía que no era posible porque se estaba disputando una carrera. En dos minutos comenzó a insultarme y a elevar la voz. Al final, se subió a la acera y atravesó la calle sin decirme nada más. Otro hombre se bajó de su coche y vino a mí a quejarse de que las calles estaban cortadas, y me preguntaba constantemente cuando se abrirían.

Yo miraba al cielo, que seguía nublado y silencioso. Comencé a oír el ruido de las pisadas de los corredores, y no hay mucho más que contar. Pasó el último y nos dijeron que podíamos retirarnos. Otro servicio más cumplido con éxito, otro día más que pensaba que eso no era lo mío. Estar en una calle “sujetando” una valla no era nada divertido.

Pero ahora volvamos al pasado domingo, el día en que yo era el corredor. Además, no solo había cambiado eso, sino también muchas cosas en mi vida. Todo da tantas vueltas que no sabemos donde podemos estar el mes que viene, ni siquiera la década que viene. En la salida, rodeado de cientos de corredores y corredoras, el ambiente era espectacular. Ajusté mi dorsal a la cintura, mientras por los altavoces nos avisaron de que quedada un minuto para comenzar. Cientos de deportistas apiñados en una pequeña calle listos para correr, todo el mundo empezó a aplaudir, incluidos nosotros. Comenzó la carrera y no paré hasta terminar los cinco kilómetros.

Durante el recorrido vi a todos los de naranja, la mayoría “sujetando” vayas. Yo no era el mismo, desde luego que no, pero eso es otra historia, de momento me centraré en la carrera. No pude evitar pasar por algunas calles y saludar a mis antiguos compañeros, cosa que me gustó mucho. Los que fueron grandes lo siguen siendo. A otros ni les saludé, sencillamente pasé por delante de ellos mirando al frente con una sonrisa de oreja a oreja y sacando pecho, como hacen los que no se arrepienten de lo que hicieron en su pasado y siguen estando orgullosos.

No era lo mismo, yo no era el mismo. Estar un año de voluntario y al año siguiente de corredor me hizo ver todo desde un ángulo distinto, y desde luego mucho más positivo. Somos lo que hemos vivido, somos experiencias. Momentos que cuando uno muere (pensaba escribir “cuando uno se va”, pero quedaba demasiado suave) se evaporan y solo permanecen dentro de los que vivieron esos momentos con nosotros. Hay que acumular experiencias, hay que atreverse a cambiar, a quitarse el uniforme y ponernos las zapatillas de correr. Hay que atreverse a competir con otros y superarse. Yo también soy el que se aburría ese día sujetando una valla, pero luego eché a correr y todo fue mucho mejor.

Atreveos siempre a dar un giro a las cosas. No tengáis miedo.

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