Eligiendo pensamientos

(Imagen de sobreviviraopositar.blogspot.com)

Os habrá pasado más de una vez…veis que alguien está desanimado y le intentáis motivar. Lo conseguís, y un tiempo después, cuando sois vosotros los que necesitáis que os motiven, no conseguís encontrar la manera de hacerlo vosotros solos.

Creo que es algo más común de lo que se pueda pensar. La primera vez que me ocurrió fue como un pequeño shock. Te sientes raro, torpe, incapaz de controlar tus pensamientos o sentimientos negativos mientras tu amigo está perfectamente gracias a los consejos que le diste. Saber que algún día pasará esa racha, pero no dejas de preguntarte porque puedes hablar a los demás, pero no te puedes hablar a ti mismo. No existe una puerta trasera en tu mente por la que puedas pasar, entrar en la sala de control y pulsar el botón correcto. No es tan fácil.

Tras darnos cuenta de que nos ha ocurrido, de que no hemos sabido salir nosotros solos, nos vienen las reflexiones, esas pequeñas perlas de sabiduría propia que a veces nos reparan y a veces nos dañan. Por encima de todo, de nuestro cerebro, nuestro corazón y nuestras sensaciones, nos encontramos con el hecho de que nuestros pensamientos los elegimos nosotros. Tenemos la fuerza suficiente para ignorar cualquier pensamiento y cambiarlo. Pero claro, cuesta esfuerzo, y el ser humano no se distingue precisamente por ser el ente más esforzado del universo. Tendemos a caer en la espiral hacia abajo, en pensar en lo mal que estamos en vez de darnos cuenta de como podemos salir. Ese es nuestro primer error. A partir de ahí, los demás vienen solos: autodestrucción, falta de autoestima, falta de metas, etc.

No soy psicólogo, aunque la psicología me resulta atractiva. Pero no hace falta serlo para darse cuenta de todo esto, con ser humano y haber tenido alguna experiencia con todo esto es suficiente. Entender un arte es una cosa, y dominarlo es otra muy distinta. El arte de pensar lo que queramos no parece fácil, más bien creo que se necesita una vida entera para dominarlo. Gran parte de lo que pensamos en negativo es una ilusión, es una mentira que nos acabamos creyendo. Por ejemplo, cuando tenemos un bajón y creemos que somos horribles y nadie nos quiere. O cuando, como decía al principio, nos sentimos torpes por haber animado a alguien el día anterior y luego no saber animarnos a nosotros mismos. No debemos nunca creernos todas esas mentiras. Quizás nos tenemos que dedicar menos a dar consejos y concentrarnos primero en estar bien nosotros. Quizás cuando hayamos conseguido vencer nuestros miedos de verdad, podremos ayudar a los demás a vencer los suyos de una forma mucho más eficaz.

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