Canteranos

Un campo cualquiera (vía rozasdeportes.org)

 

Día soleado, poco viento, el césped artificial irradia una fina cada de vapor que se ve cada vez que miras fijamente el verde. Se escuchan gritos aislados, voces entre ráfaga y ráfaga de aire. Es deporte, deporte de cantera, en este caso fútbol. Las gradas no son tan grandes ni albergan a tantos espectadores como los estadios. La afición no suele ser independiente, son padres, madres, novias, amigos y primas. Aquí se viene a ver a alguien vistiendo una camiseta dejándose la piel un fin de semana más. Las telas de colores se desplazan por el campo mientras el público mira la pelota sin pestañear. Mañana todos los jugadores volverán al bar, a la biblioteca de la universidad, a sus clases y sus cosas. Pero hoy son jugadores de fútbol disputándose tres puntos, un ascenso o una salvación, y eso los hace distintos, los hace ser apasionados y sacrificados por una buena causa para su Club.

La escena descrita se repite miles y miles de veces cada fin de semana en todos los campos, pistas y pabellones de España. Los sentimientos son distintos, el dinero no ha hecho su aparición todavía. Los que practican el deporte en la cantera lo hacen con actitud, por ser mejores, por ser simplemente distintos. Importan los colores, la camiseta, el partido…no los focos, ni los periodistas de la zona mixta, ni los autógrafos al salir del campo. Si tuviera que quitar de este mundillo algo, si valiera la pena modificar alguna cosa, sería sin duda la falta de educación. Y hablo de la falta de educación de la afición a los árbitros, de los jugadores a los rivales o al propio juego. Porque el carácter tan español de protestar a gritos ha calado profundo también aquí. Los equipos profesionales que deberían ser modelos de comportamiento no lo son, sus jugadores no siempre se distinguen por su educación, sino por la ausencia de esta. Cada decisión de un entrenador de cantera provoca que muchos padres con el síndrome del padre-entrenador protesten airadamente, su hijo es el mejor y nadie va a negarle jugar…Esto ocurre por desgracia a todos los niveles y todas las edades de casi todos los deportes.

Pero si nos olvidamos de eso y disfrutamos del juego, es algo casi hipnótico, sea cual sea el deporte. Correr, correr y correr hasta marcar gol. De aquí saldrán las futuras estrellas que llenen la galaxia, de estos campos verdes plagados con chicos y chicas con ilusión que juegan porque no existe otra más importante que divertirse. Y a ser posible divertirse ganando. Algunos llegarán a ser profesionales y nunca podrán olvidar de donde vienen. Otros no lo conseguirán pero serán ganadores igualmente, triunfarán en otra parcela de la vida en la que no necesiten los focos ni los autógrafos.

El deporte como catalizador de la diversión, el talento y el aprendizaje para la vida. Esa es la magia del deporte de cantera.

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