Paciencia española

Paciencia…que al final saldremos de aquí (imagen de ura-sevilla.blogspot.com)

 

Las previsiones no son buenas, el país no pasa por su mejor momento precisamente. Pero hay que reconocer que, teniendo en cuenta el carácter latino que corre por las venas de todos los españoles, estamos aguantando el chaparrón de una forma ejemplar, y digna de admiración por todos los demás países que no pueden decir lo mismo.

¿Y por qué? pensaréis algunos. Porque aún no se ha derrumbado nada, no hemos atacado a la cultura, no se han producido manifestaciones con víctimas (al menos que yo sepa), y no hemos comenzado a incendiar edificios. El clima de tensión favorece que prendan chispas al mínimo acto que no goce del consentimiento de la población, y con razón. Pero no hemos llegado a escenas vistas en otros países, donde la polícia ha disparado, ni hemos llegado a violencia física directa contra nuestros “representantes” (lo pongo entre comillas porque muchos de ellos se lo tienen merecido). Ni siquiera temas algo espinosos como la independencia de Cataluña o el uso del catalán han provocado incidentes reseñables, algo que no ocurre en otros países.

La última cifra del paro nos ha dejado helados: 6.202.700 personas no tienen empleo. Batimos records negativos. Antes era algo extraño ver un telediario donde se hablara de la corrupción política. Ahora no solo es lo habitual cada día, sino que además se hacen documentales y debates. El cambio desde una sociedad más o menos pura a una corroída ha sido duro pero paulatino. Casi sin darnos cuenta, tenemos dentro de nuestras fronteras los mismos problemas que antes presumíamos de no tener. Recuerdo ser pequeño, leer noticias sobre Berlusconi, por ejemplo, y pensar que como era posible que hubiera políticos así. Pues bien, ahora los tenemos dentro, para más inri.

Todo se sospecha. En un país donde dos polícias presumen de las multas que han puesto, cada vez menos cosas se toman en serio. Y mejor no hablar de otras situaciones esperpénticas (me encanta esta palabra, podéis ver su definición aquí), como por ejemplo que unos policías denuncien a un concejal por conducir un coche patrulla hablando por el móvil, en fin…

Si, podemos decir que casi todo está mal. Pero a pesar de ello, seguimos aquí, los voluntarios del Banco de alimentos siguen levantándose cada día para repartir más comida. Los buenos policías, con o sin chaleco anti-balas, siguen patrullando. Los sanitarios, a pesar de los recortes, siguen en los pasillos de los hospitales o al pie de su ambulancia, dispuestos a salir a toda pastilla a salvarte la vida y volver a poner en marcha tu corazón si es necesario. A veces te encuentras al funcionario simpático que se despide de ti desde la ventanilla con un “Buenos días” y una sonrisa. La panadería de la esquina sigue oliendo de maravilla a pan recién hecho.  Y la población sigue manifestándose, a veces con más violencia y a veces con menos, pero la sangre no ha llegado al río, y esperamos que nunca llegue.

A todo esto se le llama paciencia española.

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