Admiración a través de la actitud

Yo puedo (imagen de telecommutingtreasure.blogspot.com)

¿Alguna vez os ha pasado admirar a una persona? Seguro que sí. Pero no me refiero a alguien famoso por algo, sino al vecino de enfrente, a ese amigo que consideramos estupendo, o cualquier persona de nuestro entorno. No es necesario entrar en un edificio en llamas para ser admirado, tampoco escalar el Everest. Basta con llevar una vida digna, ser buena gente y un ejemplo de todo lo bueno. 

Una de las cosas que más me hace valorar y admirar a alguien es su actitud. El comportamiento que tiene ante las cosas que le van sucediendo en la vida es quizás una de las cosas más importantes que tenemos, por el hecho de que lo elegimos nosotros. No podemos elegir si el coche se nos ensuciará por la lluvia, ni si nuestro amigo nos cogerá el teléfono. Tampoco podemos volver atrás en nuestras vidas y estudiar de nuevo ese examen que no hemos aprobado, ni hablar con esa persona y decir las cosas de otra manera. Solo nos queda apechugar con ello, y mostrar una actitud positiva respecto al futuro.

La disposición que tenemos frente a los retos nos puede motivar o desanimar, todo depende del cristal por el que miremos. Gracias a mi experiencia en mi equipo de football, los Alicante Sharks, he podido ser testigo directo del comportamiento de muchos jugadores y jugadores frente a los desafíos que se les han planteado. Es el mundo del deporte, y los retos están a la orden del día. Siempre hay un próximo partido para el que hay que prepararse, o un entrenamiento que afrontar. Hay gente que entra en el equipo con una preparación, son deportistas o están en buena forma física.

Sin embargo, cuando se entra en el equipo con poca o ninguna preparación y se carece de experiencia deportiva previa, es cuando se ve quién vale y quién no. Cuando digo “valer” no quiero decir que algunos no puedan formar parte del equipo, pero la actitud es determinante para que unos puedan y otros no. Ni el físico ni la experiencia entran aquí (algunos jugadores que la tienen, tampoco valen). Se trata de mancharse de barro cuando es necesario, de venir a entrenar y a jugar con actitud positiva, de no bajar nunca los brazos, de esfuerzo, superación, sobreponerse a una lesión, etc.

Y así es como se gana el respeto. No importa el físico ni la experiencia, si la actitud es buena, ese jugador se ganará todo el reconocimiento por parte de sus compañeros. Luego podrá jugar más o menos, eso dependerá de las decisiones del entrenador, pero nunca tendrá ningún problema con nadie. Así también se consigue la admiración de todos los que formamos parte del Club. Ver que un jugador, a pesar de sus dificultades, pone todo su empeño en mejorar, es algo que me llena de orgullo y me emociona. Realmente es un privilegio poder verlo, poder admirarles y ser un espectador más que ve a alguien dejándose la piel. Os lo recomiendo.

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