Casualidades y coincidencias

(imagen de revolucioninnovadora.blogspot.com)

Un día de 1690, Abraham se encuentra con sus tres hijos, Thomas, Mordecai y Josiah, trabajando en su cabaña de Kentucky. Es un colono americano que busca una nueva vida en un nuevo continente. Sus hijos son jóvenes: Thomas tiene ocho años, Josiah trece y  Mordecai, el mayor, dieciséis. Pero todo se trunca de repente cuando suena un disparo desde el bosque y Abraham cae al suelo, muerto. Thomas se queda a su lado, sin saber que hacer, bloqueado. Mordecai tiene claro que están a punto de ser atacados por los indios, así que se vuelve hacia la cabaña corriendo, buscando el rifle cargado para estos casos. Josiah huye a pedir ayuda a un fuerte cercano.

En unos segundos que supongo que se hicieron eternos, Mordecai coge el rifle y se asoma por la ventana hacia el bosque. Un indio a caballo se acerca rápidamente al cuerpo sin vida de Abraham y a Thomas, que sigue al lado de su padre. El indio hace un intento de atacar a Thomas, nunca sabremos si para herirle o capturarle. Pero en ese momento Mordecai apunta y dispara, el indio cae muerto del caballo con un disparo en el pecho. Thomas sale de su estado de shock y regresa corriendo a la cabaña. Mordecai sigue disparando hacia el bosque, la ayuda que fue a buscar Josiah llega y los indios se retiran.

Quizás ese día la Historia cambió. Porque ese chico, Thomas, que se quedó helado junto al cuerpo de su padre, no es un personaje cualquiera. Su vida y su existencia tendrán eco en los siglos posteriores. Su apellido es Lincoln, y veintitrés años después, tendrá un hijo. Le llamará como su padre, Abraham, y será presidente de los Estados Unidos. Abolirá la esclavitud y entrará en la Historia. Curioso, ¿verdad? Si ese día Mordecai hubiera fallado el disparo contra el indio, nada hubiera ocurrido.

Hay cosas que nunca podremos comprender. Un simple gesto en un momento determinado cambia la historia de mucha gente. ¿Cuantas veces habéis tenido la sensación, tras ocurrir algo, de que debíais estar ahí? La sensación de que pase lo que pase, vuestros actos os han conducido a ese lugar y esa situación, sin que pudierais remediarlo. ¿Alguna vez os ha ocurrido algo y habéis pensado que demasiadas coincidencias o casualidades no pueden ser posibles? Nuestras vivencias afectan, y más de lo que pensamos, al futuro. Pensar, por un momento, que hubiera ocurrido si no hubierais conocido a esa persona tan especial, si el camino elegido fuera otro. Seguramente creeréis que vosotros no vais a ser protagonistas de una historia importante, que no vais a afectar a mucha gente en el futuro, pero…¿quien sabe?

¿Creéis que todo pasa por una razón (destino) o que el futuro lo escribimos nosotros?

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