Menudo mundo…

Todos quieren reventar la hucha (imagen de psicologiaactual.files.wordpress.com)

 

Vivimos en un mundo particular, no me digáis que no.

Cuando me paro a pensar si hay vida en otros planetas (lo típico que uno piensa cuando se levanta y mientras desayuna) me pregunto si ellos (por poner algún pronombre) serán igual de inútiles que nosotros. Me refiero a si permitirán que haya políticos bajo sospecha en el poder. Si permitirán que la gente se queje y mientras los gobernantes hacen oídos sordos. Me pregunto si no habrán dinamitado el planeta y habrán vuelto a las barricadas, como hace más de cien años pasó aquí, en la Tierra. Lo cierto es que, al poco tiempo, dejo de pensarlo, mi interés se diluye como el queso entre los espaguetis. Los primeros diez minutos de telediario son equivalentes al magnífico Club de la comedia, porque la mayoría de veces los políticos dan risa. Sus minutos de televisión están construídos a base de frases carentes de significado, a mensajes repetitivos que vomitan a los micrófonos como si su verdad fuera única e incomparable. Creo que aún no se han dado cuenta de que los murmullos de la calle ya no son de sorpresa, sino de cansancio. Agotamiento por ver como supuestos representantes de los electores cometen abusos, juegan al Apalabrados durante las sesiones o defraudan dinero a Hacienda sin cortarse un pelo.

Estoy bastante harto de que nos mientan como si fuéramos tontos. Seamos sinceros, el dinero mueve el mundo, y el petróleo (también llamado oro negro) también. Los países se mueven por intereses tan diversos que no llegamos a controlarlos todos, pero los recursos (económicos y energéticos) son la principal razón para que abran fuergo. La guerra de Irak es el último gran ejemplo. Tras el conflicto, la mayoría de empresas que participaron en la reconstrucción eran españolas, inglesas y americanas, que casualidad. Destruyo un país y luego hago que paguen a mis empresas por reconstruirlo, curioso juego el de la política. Ni que decir tiene que las miles de vidas inocentes que se perdieron no cuentan para los analistas de los gobiernos. Sencillamente estaban ahí y han muerto.

Con Libia tres cuartos de lo mismo. Y con Siria ocurre lo contrario, cuando no hay nada para ganar, mejor no malgastar esfuerzos. ¿Que la aviación del gobierno sirio bombardea a civiles? pues que se apañen, que el ejército rebelde les proteja, si no hay petróleo no iremos. En fin, demasiadas tonterías y demasiados muertos por el camino. Uno que entendía muy bien lo que significada ser un líder totalitario era Stalin, y dejó una frase para el recuerdo: “Una muerte es una tragedia, pero un millón de muertes es una estadística”.

¿Que creéis que  podemos hacer para cambiarlo?

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