La inmortal Samia Yosuf

Samia Yosuf, en Pekín 2008 (imagen de facacusub.com)

Entre todo lo que oímos y leemos cada día, hay algunas historias que se nos quedan grabadas, precisamente porque son muy buenas o muy malas. Y ayer me enteré de una de esas historias, me he quedado helado y creo que vale que conozcáis quién es Samia Yosuf.

Samia Yosuf Omar es una chica que nace en Somalia en el año 1991, en el seno de una familia sin muchos recursos. Es la mayor de seis hermanos, su madre es vendedora de fruta (antes fue deportista) y su padre falleció en uno de los numerosos conflictos que azotan el país. Por este motivo tuvo que dejar el instituto y cuidar de su familia.

Es deportista y es muy rápida, en mayo de 2008 participa en los Campeonatos de África en los cien metros, donde es eliminada en la primera carrera. Sigue entrenando y se prepara para los Juegos Olímpicos de Pekín del año 2008, donde ha sido seleccionada, sin embargo no lo tiene fácil en una sociedad islámica. Los musulmanes no ven con buenos ojos que una mujer haga deporte, y es criticada, incluso por amigos y familiares, que la intimidan mientras entrena corriendo por las calles de Mogadiscio, su ciudad natal. Tiene entonces 17 años.

Preguntada por este hecho, responde que “tradicionalmente los somalies consideran corruptas a la chicas si éstas practican el deporte o la música. Es porque a veces llevan ropa transparente o shorts, así que he sido presionada desde distintos ámbitos. Por la mañana, a veces regreso de alguna calle cortada por las tropas del gobierno con etíopes o milicia armada, que me impiden ir al entrenamiento”. 

Cuando conseguía superar estos obstáculos, Samia entrenaba en una pista llena de cráteres de mortero en el estadio de Mogadiscio, destruído tras muchos años de guerra. Solamente el ánimo de su madre le ayuda a seguir adelante. Su sueño está cada vez más cerca de hacerse realidad, para ella lo importante es participar, y correrá en los doscientos metros. Declara que “Ahora mismo no me importa ganar, pero estoy feliz de representar a mi país en este gran evento de los doscientos metros”.

Samia en los 200m (imagen de lavanguardia.com)

Ya en Pekín, tras la ceremonia de inauguración dice que “fue el momento más feliz que hemos vivido porque cogimos nuestra bandera y la levantamos. Nos sentimos como gente muy importante”.

Al no disponer de la equipación necesaria para competir, el equipo femenino de atletismo de Sudán le deja una camiseta y unas zapatillas.

Llega el día y la hora, esta es la carrera:

Samia termina última, sin embargo es aplaudida por la multitud, y además bate un record personal. Ha conseguido su sueño de participar en unos JJOO. Dando ejemplo de lo que es ser deportista, declara “Me alegro de que la gente me animara. Pero me hubiera gustado que me animaran por haber ganado, no porque necesitara ánimos. Es algo que voy a seguir intentando. Lo haré lo mejor posible para no acabar última la próxima vez”. 

Sin embargo, mientras ella corre en Pekín, en Somalia ya es de noche. Nadie a esa hora, ni siquiera sus familiares, ven la carrera, ya que ninguna televisión la retransmite. Aun así, es recibida por su familia y sus vecinos con orgullo.

La presión sobre ella continúa, y por un tiempo tiene que mentir cuando le preguntan si es atleta, ya que su vida puede correr peligro. Vive en un campo de refugiados a 20km de la capital, mientras continúan los conflictos en el país. De repente, Al-Shabaab, un grupo islámico cercano a Al-Quaeda, prohíbe a todos los somalies practicar e incluso ver competiciones deportivas. Amigos de Samia son amenazados y huyen a otras partes de África o Europa. El grupo Al-Shabaab ocupa el estadio de Mogadiscio y Samia no vuelve a entrenar ahí.

Sabiendo que en su país ya no tiene oportunidades, Samia se marcha a Etiopía y se instala en su capital, Addis, en octubre de 2010. El país es famoso por sus corredores. Se pone en contacto con un antiguo corredor olímpico etíope, Eshetu Tura. Finalmente y tras pensarlo bien, Tura accede a entrenar a Samia, y tres veces por semana la lleva a correr con sus otros atletas en las afueras de la ciudad. En ese momento comienza a pensar en la idea de traer a su familia a Etiopía cuando haya ganado algo de dinero corriendo. Con el tiempo, su tía y sus primos llegarán a Addis.

Sin embargo, algo ocurre en el año 2011. Samia abandona Etiopía, cruza Sudán y se dirige a Libia, donde es encarcelada algún tiempo por motivos que se desconocen. Después de ser liberada, y buscando un entrenador que pueda prepararla para los Juegos de Londres, no tiene más remedio que subirse a una patera con destino a la isla italiana de Lampedusa. La patera naufraga en el Mediterráneo en abril.

El 19 de agosto, se confirma que Samia está entre los fallecidos.

Una de las personas que estaba en contacto con ella era Teresa Krug, periodista de Al-Jazeera y que pretendía escribir un libro sobre su vida. Tras enterarse de su muerte, habló sobre la manera en que la recordaría:

“No se como le gustaría ser recordada. Se que siempre quiso una vida mejor para su familia y las atletas de Somalia. Quizás le gustaría ser recordada como a cualquiera de nosotros: que nos importaba y que hizo la vida de los demás un poco mejor”.

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