Deportes de minorías

(imagen de cadugr.es)

Cuando yo iba a la Universidad (ah, que tiempos aquellos), me dedicaba a estudiar las llamadas “lenguas muertas”, esos idiomas olvidados que ya nadie habla, siendo el más famoso de todos el latín.

No he podido resistir la tentación de compararlos con el deporte, o mejor dicho con esos deportes que, sin estar muertos, llevan camino de estarlo. Estoy hablando de los llamados “deportes minoritarios”.

La situación antes era complicada, pero ahora directamente es triste, los clubes desaparecen uno  tras otro como un castillo de naipes, sin que nadie haga (o quiera hacer) algo para evitarlo. El balonmano femenino ya se ha derrumbado casi en su totalidad, casi cuarenta jugadoras de primer nivel, muchas de ellas campeones olímpicas en Londres, han emigrado a otros países como Francia o Dinamarca, donde sus nóminas estás aseguradas, no así en España.

Deportes como el voleibol, waterpolo, hockey…son ignorados por los medios de comunicación.

Irónicamente, el proceso para que un deporte sea conocido tiene que ver con su difusión. Así aumentará el número de jugadores y clubes. Sin embargo, si este número no aumenta, los medio de comunicación no hablan de ellos.

Cuando un club le pide a un medio que hable de ellos, como aparezca por ejemplo un equipo de fútbol en medio, automáticamente el minoritario es olvidado. De esta manera, el minoritario nunca podrá tener más afición y por tanto nunca llamará la atención de más medios.

Actualmente es el fútbol, un deporte, el mayor enemigo de otros deportes. No por el fútbol per se, sino por todo lo que le rodea. Cada vez asistimos menos a un deporte y más a un espectáculo con cámaras, megafonía y grandes focos. Cada vez es más importante lo que pasa fuera del terreno de juego que lo que ocurre dentro. Está todo tan mediatizado que todo lo demás desaparece y pasa a un segundo plano.

Durante las olimpiadas de Londres, los periódicos españoles ya no se cortaban en sus portadas. Con algunas excepciones, los fichajes de los equipos de la Liga ocupaban más espacio que las medallas olímpicas, así de claro. Este el periodismo que tenemos, señoras y señores.

Y mientras, miles de personas se dejan la piel, el dinero y el tiempo en campos de cemento o de césped, piscinas, pabellones…soñando con que algún día su deporte sea famoso y no se convierta en “deporte muerto”. Soñando con tener el mismo reconocimiento que los demás. Haciendo de su lucha algo casi épico que parece no tener fin.

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