La Esperanza

Un mar cualquiera bañado por el sol (imagen de beyondburnoutblog.com)

Primero llega suave, silenciosa. Casi no notamos que ha entrado en nuestra mente. Su presencia es conocida porque va precedida del optimismo, de la actitud positiva, de todas esas palabras que hemos leído y releído en mil ocasiones sin saber a veces lo que significan. La realidad es que todo depende de la actitud, de la forma en que nos tomemos las cosas que suceden. Los libros de auto ayuda son una guía, pero no serán los que nos resuelvan nada. Todo lo que necesitamos ya lo tenemos dentro, solo es cuestión de sacarlo del cajón donde está encerrado allí, en el fondo de nuestra cabeza, y desempolvarlo para que vuelva a brillar. Cuando los sentimientos reposan, las luces se apagan y el corazón descansa, nuestra cabeza se pone a funcionar. Los circuitos se activan, se comunican y las ideas brotan como lo haría el agua de una gran fuente.

Entonces, como por arte de magia, algo ocurre. Al despertar y ver el sol de nuevo tras la noche, algo ha cambiado. Los problemas de ayer siguen ahí, pero son algo distintos. El marco del cuadro que es nuestra vida tiene ya formas distintas, y los colores se arremolinan en una espiral de cambio, porque las cosas están cambiando, porque nosotros mismo hemos cambiado. Porque la Esperanza ha entrado en nuestra mente y nos ha dicho que no está todo perdido. Aún hay tiempo para vivir y caminos por recorrer. La sensación se va adueñando de nuestra cabeza, de nuestro corazón. La persiana se levanta y miramos al cielo azul y una suave brisa nos ayuda a despejarnos, el día promete, de eso estamos seguros. Entonces el cielo brilla y lo vemos todo distinto, todo mejor, fresco.

Y, desde luego, no vamos a rendirnos. Todos los que piensan que estábamos acabados ahora mismo se esconden en los rincones, no quieren vernos, no quieren reconocer que han perdido. La Esperanza a vuelto a nosotros y a partir de ahora somos una máquina perfectamente engrasada, una apisonadora capaz de sobreponerse a cualquier obstáculo. Somos la perfección de espíritu, irrompibles mientras quede aliento en nuestros pulmones, nuestros pasos señalan el camino hacia la grandeza. Lo sabemos y nos gusta que lo sepan, aquí hay unos valientes que no van a dejarse vencer hoy. Mientras la gente nos mira distinto, descubrimos que sabemos hacer más cosas de las que creíamos y que nos sobra optimismo. El día sencillamente no puede ser mejor. Todo parece que sigue nuestro ritmo, desde las luces de los semáforos hasta el tic-tac del reloj, que no para. Y todos nos sonríen como sonreímos nosotros al darnos cuenta. Los problemas tienen solución y nos sorprendemos de lo bien que sabemos hacerles frente, a pesar del trabajo que requiera.

Eso es la Esperanza.

¿Y para vosotros?

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