La era de la incredulidad

La contradicción (imagen de mxirau.blogspot.com)

 

Actualmente, por internet, especialmente por las redes sociales, circula mucha información. Los famosos botones de “Compartir” en Facebook o “Retuitear” en Twitter hacen que difundir cualquier información en la web sea fácil y rápido. Pero a veces ocurre que esa información es falsa, y nosotros, en nuestro ansia por disparar contra algo o alguien, le demos al botón igualmente. De esa manera, formamos parte de una cadena llena de mentiras y manipulación. La realidad es que normalmente no nos paramos a contrastar la información que nos llega, sencillamente la compartimos con todos nuestros amigos, a veces haciendo el ridículo al comprobar más tarde que nos han engañado.

El raciocinio disminuye de forma proporcional a lo que aumenta el instinto. Ya no pensamos, le damos al botón, como esos chimpancés que son sometidos a experimentos para comprobar sus reacciones. Nos hemos vuelto más primarios, ahora las emociones nos dominan muchas veces. Hemos estado muchos años sin hacernos muchas preguntas, y ahora esas mismas preguntas parecen la base de todo. Por ejemplo: los políticos llevan muchísimos años haciéndose ricos, sin embargo parece que ahora nos hemos dado cuenta, ¿es que antes no sabíamos lo que cobraban? Claro que sí, pero ni nos molestábamos en informarnos. Al tener nuestras necesidades cubiertas y al no estar en crisis, realmente nos daba un poco igual lo que ganaran, con tal de que nosotros tuviéramos nuestro sueldo al final de mes.

Pero cuando no ocurre eso, cuando la cadena de trabajar-cobrar se rompe o se modifica en nuestra contra, no nos faltan motivos para leernos la letra pequeña de todos los discursos y los matices que esconden cada movimiento de un personaje público. Sacamos la lupa y los ponemos a todos delante, mirándoles hasta la última arruga de su camisa. Sin embargo, España es un país contradictorio. Cuando un gobierno lo hace mal, el voto de castigo le quita del poder. Sin embargo, no aprendemos, años después los volvemos a poner en lo más alto, para luego quitarlos otra vez… Y así nos va.

Vamos dando bandazos sin control, realmente no tenemos claro que queremos ser, lo que provoca que ningún cambio nos sea propicio del todo. Tenemos que definir a donde queremos ir y luego poner los medios. ¿Lo conseguiremos? ¿que pensáis?

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