Un aliado al que unirse y un enemigo al que odiar

Protestas en Valencia, foto de Heino Kalis (Reuters) via el pais.com

Los últimos hechos acaecidos en Valencia en el marco de las protestas contra los recortes en educación, reflejan una realidad compleja de digerir. Cuando hay recortes, la gente protesta, como es habitual, pero últimamente esas protestas acaban en cargas policiales con los agentes repartiendo palos a todo el mundo.

Es inevitable el descontento de unos estudiantes que no quieren que el sistema se deteriore más de lo que está. Que algunos institutos no tengan calefacción es algo insólito. Sin embargo, no serán pocos jóvenes los que se suban al carro de las protestas solo porque tienen el atractivo de ir “contra el sistema” y por luchar contra la policía, recordando otros tiempos no muy lejanos en España, donde se corría delante de “los grises”.

Cuando hay ganas de armar el belén, solo hacen falta dos cosas, un aliado al que unirse y un enemigo al que odiar. Sus aliados son todos lo demás estudiantes y el enemigo, como no podía ser de otra manera, las fuerzas policiales. Para la policía es exactamente lo mismo, tal y como lo presentó Antonio Moreno, jefe de la policía en Valencia, cuando preguntado por el número de agentes que tenía respondió que no piensa proporcionar esa información al “enemigo”. Es una manera equivocada de explicar las cosas, porque da una imagen bélica.

Las protestas no deberían cortar calles porque si, eso es una medida que no conduce a nada. En todo caso, al enfado de los otros ciudadanos que se ven perjudicados porque otros quieran manifestarse. Es una de las principales excusas que usa la policía pone a la hora de hacer sus cargas. No nos engañemos, el que trabaja en la UIP (Unidad de Intervención Policial) sabe a lo que va, y doy por sentado que disfrutan con ello. No quiero decir que les encante pegar a gente, pero no creo que les remuerda la conciencia. Cuando se juntan son como un ejército, todos iguales, todos anónimos, todos pegan, son copias unos de otros.

Ver a un policía con casco, porra y chaleco pegar a un chico con una mochila a la espalda no es una gran imagen para nadie. Da una sensación de abuso. Si tan ilegales son estas protestas, ¿porque no les detienen en vez de pegarles?

Esto empieza a tomar tintes políticos nada agradables. Y mientras, los policías seguirán dando palos y dividiendo la ciudad en dos, aliados y enemigos.

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