Y más rap

Rapero

 

Desde hace algunos años me gusta el rap. Lo considero poesía viva, cantada, en movimiento. No hay nada igual ni canción más perfecta que una en la que todo rima con un ritmo constante, atenta a las respiraciones de cada pausa y las vocales que se repiten al final de cada frase.

Es arte, es demasiado exacto como para no escucharlo. Cuando uno comienza en esto solo se ven los artistas más reconocidos. Es un primer acercamiento que realmente no nos muestra todo lo que hay detrás. Es solo la punta del iceberg, el principio de una lista enorme de artistas, solo o en grupo, que se esfuerzan por el mejor flow posible, aquel que se quede grabado en la memoria y perviva en el tiempo, produciendo eco.

La calidad de la expresión se mide por el dominio del idioma, que permite trucos, piruetas y todo tipo de rimas entre vocales y consonantes. Todo sobre una base que hace que se asienten las letras como un guante a una mano, con firmeza, produciendo a veces cambios de ritmo insuperables.

Si miramos un poco más, descubrimos las batallas de gallos. Enfrentamientos uno contra uno donde cada Mc tiene un minuto para hacer sus rimas, antes de que un jurado decida el ganador. Algunas resultan espectaculares, y son un ejemplo de lo que se puede lograr con práctica y dominio del idioma. Igualmente resulta interesante cuando se escucha rap en otro idioma, puede llegar a ser algo didáctico, porque el lenguaje coloquial no es el de las canciones, es el del rap.

Sus propósitos son muchos, pero diría que eso es una de las cualidades del rap, su objetivo. Muchas canciones actuales, no nos engañemos, no dicen nada. O en los mejores casos repiten mensajes universales ya gastados en su forma tras millones de años de arte (amor, muerte, esperanza, alegría). Si, habéis leído bien, están gastados, se han repetido tantas veces que raras veces sorprenden. Se rapea por algo o por alguien, por una causa, un crimen o un sentimiento alegre. Se nota en las letras, en las bases, en las voces que solo acompañan sonidos electrónicos, siempre se rapea por algo, sea para denunciar, alabar o confesar algo.

Basta bucear en la red de redes para ver que la cantidad de rap es ingente, no es posible escucharla toda, hay que decantarse por algo o tener mucho tiempo libre. Detrás hay una cultura, el hip hop, unos raperos, los Mc’s, que no por serlo dejan de ser gente corriente. Y es algo destacable, teniendo en cuenta los excesos a los que se acostumbran algunos artistas una vez que les ha llegado su madurez musical. Su actitud de estrellas les aleja de la gente que les escucha, cuando en el rap sucede justo lo contrario.

A pesar de todo lo que se pueda gritar desde el escenario, al bajar todos somos iguales, todos se respetan, nadie es más que otro. Lo hacen porque les gusta, de forma profesional o amateur, son proyectos de su tiempo libre o su vida entera. El fenómeno produce seguidores en todas partes, al descubrir que también en tu ciudad hay Mc’s y que el nombre de una calle o de una plaza puede escucharse en sus canciones, gente normal hablando de su vida normal, solo que a través de una base, con un micro y en un escenario.

Por eso siempre me gustará el rap.

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