La soledad de Ashley

Ashley Billasano (chron.com)

El pasado 8 de noviembre terminó una de esas historias tristes que nos llegan a conmover, que se cuelan en nuestro corazoncito removiendo las emociones. Es la historia de Ashley Billasano, una chica en aparencia normal, pero que tras sufrir durante varios años abusos sexuales, decidió dejar de vivir. Aunque no han trascendido demasiados detalles del suceso, se sabe lo suficiente como para hacer una pequeña reflexión sobre el caso.

Ashley vivía con su padre en una localidad del estado de Texas. Cuando tenía 14 años comenzó a sufrir abusos, su padre la obligaba a tener relaciones con otros chicos. Más tarde ella admitió que no sabía que debería habérselo contado a alguien, aunque en ese momento no lo hizo. Su padre le chantajeaba diciendo que si no hacía lo que le decía no le dejaría quedar con sus amigos después del colegio. Pasaron los años, y su padre continuaba pidiéndole esos “favores”, preguntándole por los detalles de los encuentros, y en ocasiones incluso estando presente durante los mismos.

A los 17 años, Ashley se hartó de la situación y se negó a seguir, pero como ella misma dijo, “las cosas solo fueron a peor”. De repente conoció a un chico distinto, que comenzó a gustarle de inmediato. Al mes de estar saliendo con él, Ashley fue incapaz de ocultarle su “secreto”, y le contó su historia, arriesgándose a perderlo. Desde el primer momento, el chico se propuso ayudarla, y llamó a su madre para contárselo todo. La madre que Ashley, que se había divorciado anteriormente de su padre, acudió en su ayuda e hizo que Ashley se trasladara a vivir con ella a la localidad de Rosenberg. Juntas denunciaron su abuso a la policía.

Sin embargo, la denuncia no tuvo el efecto deseado. Tras un tiempo de investigación y varias entrevistas, los agentes no pudieron encontrar suficientes pruebas para incriminar a su padre. Ashley se sumió en una depresión, y poco a poco se dejó llevar. Llegó incluso a recibir una llamada de la policía comunicándole que no podían hacer nada…Ashley ya tenía 18 años.

El martes 8 de noviembre, no fue al instituto. Se levantó y entró en su cuenta de Twitter. Se pasó 6 horas escribiendo mensajes. De forma resumida, contó su historia de abusos hasta ese día, la soledad que sentía. Llegó a escribir 144 tweets. Su dos últimos mensajes fueron:

– “Bueno, esta es la historia de como me he convertido en quien soy. Bueno, la versión resumida. Me gustaría escuchar lo que tenéis que decir, pero ya no estaré por aquí”.

– “Segundo intento. Espero hacer esto bien”.

Tiempo después, murió asfixiada. Su último mensaje parece indicar que ya lo había intentado en otra ocasión.

Su madre declaró más tarde que su hija “se dio por vencida. Sintió como si nada fuera a ocurrir, como si no la fueran a creer”. Sentirse tan sola e incomprendida terminó por destruirla. En el momento de escribir sus mensajes, poco más de 50 personas los leían, aunque nadie hizo nada por convencerla de que no se suicidara ni por avisar a la policía, como si ha ocurrido en anteriores intentos de suicidio. En cuanto se supo de su muerte, sus seguidores aumentaron a 500. Se ha creado una página en Facebook, para recordarla (http://on.fb.me/rN1asq), que actualmente cuenta con casi 7.300 personas.

Su cuenta de Twitter ha sido cerrada, pero sus tweets fueron antes guardados en algunas páginas como esta http://bit.ly/w54phR para que no sean olvidados. Han sido mi principal fuente de información para escribir este artículo.

Es un caso muy triste. Una chica de 18 años, muy joven, simpática y guapa, que tras años de abuso no puede obtener justicia. Sus amigas dicen que quería llamar la atención sobre su caso y la única manera que encontró fue el suicidio, ni siquiera Twitter le sirvió para que alguien la escuchara.

Dejó una carta de despedida donde decía “Se han acostado conmigo muchas veces, me han llamado guarra demasiadas veces. Todo lo que quiero saber es ¿porque a mi? Nunca le hice nada a nadie. Me han abusado y me han atormentado toda mi vida. Ha sido demasiado y me ha tragado entera”.

Me gustaría que las cosas le hubieran ido bien y que se hubiera sentido más querida, al final eso es lo más importante.

Descanse en paz.

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