Otra canasta para España

Pasó ya hace muchos años, en el 2006. España ganaba el mundial de baloncesto, muchas emociones contenidas. Hoy toca otra final, y a poco más de media hora del gran momento, muchos contenemos la respiración.

Quisiera compartir con vosotros algunas reflexiones…

En el deporte, como en la vida, las cosas son efímeras. Vienen y se van. Un partido empieza y acaba para siempre, un jugador tiene su momento, quizá luego tenga otro, y luego llega otro jugador que ocupa su lugar, y así funciona todo. Este momento es de oro. La ilusión ha vuelto después de años de ausencia, campeonatos olvidados y vestuarios irreconocibles, ahora somos España. Ya no vamos con la cabeza baja, ya no somos la revelación, la sorpresa del torneo, sino el rival a batir. Somos vistos como un rival duro pero apetecible al mismo tiempo, por que perder contra nosotros entra dentro del guión, pero ganar puede ser tocar la gloria.

Así nos ven las selecciones, los jugadores, los entrenadores, el mundo. Desde que conquistamos el mundial en una cancha a miles de kilómetros de España, por todo el país surgió una ola de baloncesto que lo invadía todo. Se escribieron libros y se filmaron reportajes sobre la victoria de España, de repente parecía que a todo el mundo le gustaba el baloncesto. Yo me engaché, me compré un balón Molten, el oficial, y empecé a bajar para jugar.

Nuestra imagen cambió no solo en el basket, sino en otros deportes. Dos años después, en 2008, el fútbol nos daba otra alegría. Y el año pasado nos dió otra, ahora también somos campeones del mundo de fútbol. Y en tenis, ciclismo, fórmula 1, motociclismo, kite surf…Somos mejores. No sería descabellado pensar que gracias a nuestros deportistas hemos creado más deportistas. Hoy, sin que lo sepamos, los futuros jugadores que defenderán nuestra camiseta por el mundo están sentados en los pupitres de los institutos. Los vemos cuando vamos al cine, sin conocerlos. También van a comer donde vamos nosotros, están en las aulas de los cursos de entrenadores de todos los deportes. Están en los campos de cemento, tierra, césped artificial y natural, están en las canchas de parqué y las pistas de hielo de los pabellones.

Se están formando mirándose en el mejor espejo de nuestra historia deportiva, viviendo un momento único y totalmente repetible hasta no se sabe cuando. Quizá hasta el momento en que ellos comiencen a aparecer en el mundo del deporte.

Ese chico que veíamos ayer en la cola del cine mañana lo verás por televisión jugando un partido internacional en algún país extranjero. Esa chica que ayer se reía con sus amigas en la terraza del bar mañana estará concentraba al máximo antes de empezar su competición, entonces respirará hondo, mirará al frente y dará un paso adelante. Son de los nuestros, son los que tenemos que cuidar.

Por que el deporte no aporta cosas solo en la pista, también fuera de ella. Es un canalizador único de valores, sensaciones, sentimientos, pasiones…

Si les cuidamos, si les arropamos en su trayectoria y les enseñamos lo mejor que tenemos, cumpliremos nuestra parte del engranaje del que todos formamos parte, y conseguiremos nuestro objetivo tanto ellos como nosotros: ser mejores personas.

Y creerme que el deporte tendrá mucho que decir en esto.

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