A muchas revoluciones

 

Era de noche, hora de volver a casa. Un día como otro cualquiera, algo frío. Aún sin coche, dependía de algún amigo que quisiera acercarme a la estación de cercanías para volver a casa. Y ese día me llevó el más chulo de todos, el que se jactaba de ir acelerando, derrapar y luego acelerar de nuevo. Dudé si subirme o no al coche, al final entré.

Era el típico joven que, con un coche demasiado potente, vivía a muchas revoluciones. Nada más subir, empezó a contarme cosas de su coche, su potencia, los frenos, las ruedas…yo asentía, pensando que uno nunca sabe cuando puede tener su último viaje, cuando puede llegar el momento de dejar la Tierra. Empezó a tomar las curvas a más velocidad de la habitual, fue un alivio pensar que a esas horas el tráfico se concentraba en el centro de la ciudad, y no en las afueras, donde nos encontrábamos. Largas carreteras salpicadas de rotondas aparecían delante nuestra entre farolas anaranjadas, no había ni un alma.

Fuimos llegando a las luces de la costa, y contemplé el mar. El motor rugía y la gente no dejaba de mirarnos, hacíamos mucho ruido. Después de adelantar un par de coche, mi compañero frenó el coche bruscamente frente a un paso de cebra con el semáforo en rojo, chirriando las ruedas. Los peatones se quedaron quietos unos segundos, sin fiarse, hasta que poco a poco comenzaron a pasar sin apartar la mirada de nuestro coche. “Ahora ponte serio, como si nada” me dijo mi amigo. Me estaba entrando la risa, todo el mundo mirándonos y yo tenía ganas de salir y tumbarme en el suelo de la risa. Supongo que sería la adrenalina, no lo sé.

Algunas calles después, dos motos de policía avanzaban delante nuestra. Se acercaba una curva. “¡Las tiene delante, va a adelantarlas por el interior!” empezó a gritar, se creía que estaba en un circuito. Metió en morro en la curva y giró bruscamente, las motos abrieron la trazada para apartarse de su camino. “¡Si, lo ha conseguido, les ha adelantado!” Vaya espectáculo, el espectáculo de lo absurdo.

Al llegar a la estación nos despedimos hasta otra ocasión. No creo que la hubiera, no pensaba subir más con él. No estuvo mal como experiencia, pero ahora que conduzco ni se me pasa por la cabeza hacer lo que hacía él, es una tontería demasiado arriesgada.

Hace tiempo que no se nada sobre él, espero que no le haya pasado nada.

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