Un atleta y una frase

Hacía mucho sol aquel día, como siempre por esas fechas. Ya había sonado la sirena, y nos encaminábamos de nuevo a clase. Durante todo el recreo, Mario (nombre ficticio) me había estado contando parte de su vida como atleta.

Lo hizo de una forma muy personal, sin adornarse. Me contó como había dejado de estudiar poco a poco, incluso llegando a repetir curso (el año anterior, tras muchos cursos juntos, había dejado de ser mi compañero). Como se iba corriendo de un pueblo a otro, se pasaba horas bajo el sol e iba al gimnasio por su sueño de ser deportista. Se divertía, era un chico estupendo, amigo de sus amigos, noble. No le importaba el tiempo que invertía en su empeño, estaba seguro, confiado de que era eso lo que debía hacer.

Tras subir rondas en los torneos, llegó su momento. Su carrera más importante. La pista de atletismo color carne discurría ante la punta de sus zapatillas. A su alrededor, corredores con ropas multicolor esperaban la salida, concentrados en el primer paso.

Sonó el disparo, explosión. Pensó en cada zancada, en vez de en las vueltas que le restaban por correr en ese momento. Fue acelerando cada vez más. Y llegó el momento de su cenit propio, cuando su cuerpo se contrajo, los músculos se tensaron aún más y sintió como “si me explotara el corazón”, sonreía al recordarlo mientras me lo contaba lentamente.

Entre tanto esfuerzo, se vio primero, liderando al grupo. Pudo mantener el ritmo bastante tiempo, pero no era el mejor en la pista, y poco a poco le dieron alcance. Quedó de nuevo fuera del corte, pero no le importaba, había llegado a la cima de su esfuerzo, lo que le hacía preparase tanto.

Como me comentó después, “incluso una semana más tarde tenía agujetas y me costaba andar, después del esfuerzo”. No había problema, ya se recuperaría. Una vez más, la recompensa superó con creces el esfuerzo, los pasos recorridos en cintas de gimnasio, caminos de tierra y carreteras de cemento hasta llegar a la pista blanda.

El me lo contaba ensimismado, y mientras paladeaba su felicidad mientras narraba su alegría y me contaba lo contento que se sintió después de la carrera, me dijo: “Esos son los momentos que valen la pena en el deporte, todo lo demás es entrenamiento y sacrificio”. Punto final.

La frase se me quedó grabada a fuego: “todo lo demás es entrenamiento y sacrificio”, a día de hoy no he encontrado nada que lo resuma mejor, nada que exprese de manera más exacta el pensamiento y el corazón de un deportista. Y aunque hace mucho que no veo a mi amigo, nunca olvido su frase.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s