El síndrome de lo bello

Basílica de la Santa Croce

En 1817, un hombre entra en la basílica de la Santa Croce, en Florencia. De momento es alguien casi desconocido. Este hombre, nacido en Francia, ha participado en la Campaña de Italia de Napoleón. Tras dejar el ejército francés en 1802, pasa a trabajar como funcionario imperial y se ha traslado a vivir a Milán. Le encanta Italia, y así lo plasma en sus obras literarias. Guiado por un monje, contemplas las pinturas de Volterrano.

Tras visitar la basílica, al salir, algo ocurre. De repente, el corazón se le acelera, y comienza sentir vértigo. Le cuesta andar, todo le da vueltas. Decide sentarse y tranquilizarse, comenzando a leer un libro de poesía que llevaba.  Con el tiempo, estos síntomas llegarán a tener el nombre de este escritor: El síndrome de Stendhal.

Esto es lo que escribió sobre el suceso:

El (monje) me guía hasta allí y me deja solo. Sentado en la grada de un reclinatorio, con la cabeza apoyada en el púlpito, para poder mirar el techo, las Sibilas de Volterrano me han dado tal vez el placer más vivo que jamás me ha dado la pintura… Había llegado a ese punto de emoción donde se encuentran las sensaciones celestiales que dan las bellas artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de la Santa Croce tenía fuertes latidos de corazón, lo que en Berlín llaman nervios: la vida se me había desvanecido, caminaba con temor de caer”.

Con el tiempo, también se denominó Síndrome de Florencia”. Ocurre en algunos casos en los que un sujeto es expuesto a obras de artes, especialmente cuando son bellas o hay muchas en un mismo lugar. Vamos, una “sobredosis” de arte.

No sé a vosotros, a mi nunca me ha ocurrido. No sabía que el arte pudiera llegar casi a desmayar a una persona, pero el origen del síndrome no deja de ser curioso y fascinante.

Cuando vayáis a un museo, disfrutarlo, pero con precaución.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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2 comentarios en “El síndrome de lo bello

  1. Buena entrada, yo he estado en Florencia y no me ocurrió esto. Eso sí, la ciudad es preciosa.

    Si quieres escribir sobre otro síndrome curioso investiga el que les ocurre a los japoneses en Paris. Es curioso y les ocurre por todo lo contrario. 😉

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