Noche (relato)

No podía evitarlo, tenía que buscarla, aunque fuera de noche y tuviera sueño. Después del concierto no tenía nada que hacer, solo volver a casa, como siempre hacía, y aburrirse frente a la televisión. O peor aún, encender el ordenador y navegar por páginas olvidadas que hablaban de temas sin sentido. No, decidió buscarla, ese era el momento perfecto.

Tras dejar el pub, se encaminó hacia el centro de la ciudad. El concierto había sido precioso, la voz de la cantante llenaba todos los huecos del local. Luces verdes, violetas y anaranjadas cubrían el techo dibujando formas geométricas giratorias. Luego pasaban a ser blancas y azules mientras se desplazaban por la pared. La gente miraba al dúo, expectante en cada nota de cada canción, esperando el siguiente acorde que salía de la guitarra. Tras muchas canciones, solo quedaron los fieles, los creyentes que pensaban que ese es el mejor tipo de música, el directo en un sitio cerrado, algo muy personal, muy cercano. Algunos se movían siguiendo el ritmo e incluso se animaban a bailar, otros se apoyaban en la barra observando la actuación con una mezcla de felicidad y admiración, con un rastro de melancolía pintado en sus caras. También podía ser tiempo de reflexionar. Cuando finalizó, todos quedaron satisfechos.

Las calles estaban vacías, como si se hubieran quedado mudas tras tanta emoción musical y no tuvieran otra forma de expresarlo que el silencio. Ni coches, ni gente, definitivamente esa no era la zona de copas. Realmente, las posibilidades de encontrarla eran muy remotas. Con pocas pistas y mucha ilusión, aceleró el paso hacia el barrio más fiestero de la ciudad, eso le hizo sentirse mejor, pensar que todo era posible. Sabía por que zona podría encontrarla, “soy camarera, trabajo por la noche y en mi pub siempre hay mucha gente” le había dicho.

Se empezó a oír el murmullo de la gente al acercase, ese zumbido eterno de voces, algún que otro grito, bocinas de los coches y botellas rotas. A la derecha de la calle, un hombre vestido con chándal estaba sentado al borde de un portal, con las piernas estiradas y un cigarrillo, mirando al cielo mientras echaba el humo. Su cara tenía una expresión vacua. A pocos metros, en medio de la calzada, una botella de cerveza rota terminaba de perder su contenido, formando un pequeño charco.

El sonido de la música se intensificó y las calles comenzaban a estrechase. Había llegado a la zona de pubs.

(continuará)

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