Nuestro mundo de cartón piedra

Hablamos hasta por las manos…

Antes de nada, dedico esta entrada a Fernando, mi primo. Él me dio la idea para escribirla, y aparte es un crack 🙂

 
Hoy en día, quizás sin darnos cuenta, damos mucha importancia a cosas en realidad poco importantes. Nos preocupamos más por el continente que por el contenido, vale más el envoltorio que el regalo, hablando metafóricamente. Lo hacemos sin querer, incluso a veces queriendo, porque nos importa mucho que piensen de nosotros, eso es algo normal, pero llevado al extremo se vuelve contra nosotros. Todo está empapado de mucho relativismo, demasiadas lagunas, puntos de vista enfrentados que no llevan un rumbo claro. La realidad es que somos muy superficiales.
 
Esa superficialidad lo llena todo. Es inevitable la comparación con otras épocas, y de paso también es odiosa. Hoy en día gran parte de los estudiantes españoles pasa toda la semana pensando en la fiesta del viernes o del sábado, y luego se pasan toda la semana siguiente comentándola. Por supuesto, a la hora de comentar las fiesta, lo importante solo es cuanto has bebido y con cuantas te has liado. No es siempre así, pero en mi experiencia personal, y he conocido a mucha gente, casi siempre es así. Los valores se han ido y no parece que los queramos de vuelta, los hombres que se relacionan con muchas mujeres son admirados, y los que mantienen a sus parejas a través del tiempo son bichos raros. Estar soltero significa pertenecer a un grupo extraño, ese grupo de los que buscan algo más que placer sin sentido, algo más que una semana de llamadas perdidas.
 
También se refleja en los conocimientos. Es casi misión imposible mantener una conversación con alguien de menos de 25 años sobre Historia, filosofía, religión, literatura y un largo etcétera. Esto ocurre porque el recipiente está vacío. Es decir, que casi todos los estudiantes van al instituto/colegio/universidad para aprobar, no para aprender. Estudian, aprueban y se van de fiesta, por este orden. ¿Cuales son las consecuencias? que al llegar al mundo laboral, no tenemos trabajadores responsables en su puesto, sino gente que si puede no va a trabajar, alarga la hora del bocadillo y sale a fumar cada dos por tres. Y siempre todo con tranquilidad, las prisas no entran en el diccionario, el objetivo es trabajar lo menos posible y cobrar mucho, somos así de tristes. Y claro, así seguimos en la crisis.
 
Las opiniones que tenemos sobre ciertos asuntos no son menos demoledoras. La televisión, esa gran caja que nos sirve de poco, no ayuda. Somos cotillas y encima nos encanta Hay algunos canales que directamente se han lanzado al negocio de la “telebasura”. Básicamente es un espacio que suele durar varias horas, en las cuales los distintos “personajes” que aparecen se dedican a insultarse unos a otros, luego insultan a otros que no están presentes y posteriormente opinan sobre todo lo anterior. Una maravilla cultural… Y lo peor es que si hacen esos programas, es porque la gente los ve, eso es lo que más me mata. Es decir, que con la cantidad de canales que hay hoy en día, miles de personas prefieren pasarse la tarde o la noche viendo como se enfrentan los “personajes” en unas guerras sin sentido. Las discusiones varían mucho, pero se suelen centrar en temas tan interesantes como el vestido que lleva una novia en su boda, o la pamela que lleva una mujer invitada a un bautizo, o el último escarceo amoroso de el hijo del chofer de alguna famosa venida a menos. Toda una maravilla que refleja muy bien porque nos queda tan poco cerebro.
 
La fama es efímera. Tendemos a endiosar a cualquiera al mínimo gesto que nos guste, y luego lo mandamos al olvido con la misma agilidad. Cualquiera se hace famoso si habla mal de alguien o una noche se enrolla con alguien conocido. Nos gusta vestir distinto, pero nos porque nos veamos bien, sino para que nos vean bien los demás, como si eso nos fuera a hacer mejores. Queremos tener el mejor coche, el mejor móvil y la pareja más espectacular, queremos ser “cool”. Por eso, en cuanto se nos rompe cualquier sueño, cualquier ilusión, nos venimos abajo. Si queremos caer bien y nos rechazan, nos sentimos muy mal hasta que nos sale el orgullo y decidimos pasar de todo. Y así ocurre hasta la siguiente fiesta, cuando bebemos y nos volvemos a perder en nuestro mundo, nuestro mundo que no existe pero nosotros lo creamos de la nada, nuestro mundo de cartón piedra.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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