Desconfianza motivante

La unión hace la fuerza

No es un error decir que, normalmente, los humanos solo nos preocupamos de nosotros. A mi también me pasa casi siempre, lo reconozco. Cuando las cosas no van bien, es fácil, quizá demasiado fácil, mirar hacia uno mismo y olvidarse de los demás. Pero ese es otro tema, hoy hablaremos sobre la desconfianza.

A la gente la cuesta mucho ceder, aceptar las opiniones de los demás, aun sabiendo que pueden ser mejores que las suyas. Cada vez que exponemos una idea o un proyecto a realizar, nos encontramos con un aluvión de críticas, con voces que se alzan en nuestra contra diciéndonos lo dura que es la vida, que no se fian de nosotros ni de nuestra capacidad. Nos desaniman, por momentos parece que no vamos a conseguir lo que queremos, nuestro sueño. Quizá suena un poco chulo, pero a mi eso me motiva, me dan ganas de esforzarme mucho más para conseguirlo, se convierte en algo profundo para mí, algo personal. Cuando alguien desconfía de mi, siempre me propongo demostrarle lo contrario.

Ese tipo de gente, que tiende a ser pesimista, que piensa que nada va a salir, no me gusta nada. Son como minas ocultas bajo tierra esperando a que alguien les pise para poder decir “no tienes futuro” o “esto no va a funcionar”. Y lo más gracioso es que esas personas se piensan que su opinión siempre es la correcta, que llevarán razón, y se sienten orgullosos de decirlo. Cuando algo sale mal, siempre podrán decir “¿ves? te lo dije”, y como dijo Pau Garcia-Milá en su reciente entrevista en Buenafuente, cuando algo sale bien los detractores de la idea piensan que fue “por pura suerte”. Si tengo que sacar el catálogo de frases célebres no acabo esta entrada, pero quizás hay una que lo resume todo muy bien. El ex-presidente de Estados Unidos, Theodore Roosevelt dijo en una ocasión: “Es duro caer, pero es peor no haber intentado nunca subir”. Y lleva mucha razón.

Una vez realizada la idea, sea una empresa, un proyecto o un equipo, nos encontramos con el siguiente problema: el factor humano. Y aquí volvemos al tema de las primeras líneas de esta entrada, que la gente solo mira por lo suyo. Es decir, que después de haber creado algo, te das cuenta de que solo lo defiendes tu solo. Muchas personas no entienden que en la unión está la fuerza, lo que nos ayuda a seguir. Tampoco entienden que en muchos casos, si no se ponen los medios, la idea desaparece.

No deja de ser irónico que las mismas personas que apoyan dicha idea no esten dispuestas a hacer nada para evitar su desaparición. Les gusta, si, están de acuerdo. Pero cuando llegan los malos tiempos, estas solo. Esto provoca que la actitud de mirar hacia uno mismo sea destructiva en todos los sentidos.

Y lo peor es que, muchas veces, después de que se destruya algo bueno, a poca gente le importa, porque su atención se dirige ya hacia el siguiente capricho, al siguiente objeto que adorarán y apoyarán hasta que lleguen tiempos difíciles. Y, cuando eso ocurra, se apartarán y dejarán que se destroce para siempre.

Aún me río cuando, teniendo yo 15 años, algunos me preguntaban “¿Y con 15 años vas a hacer un equipo de fútbol americano?, estás loco…” Pobres.

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