Ciao Venezia!

 
La ciudad está formada por 118 islas, unidas por 354 puentes y dividida por 177 ríos y canales. El llamado “Puente de la Libertad” comunica la ciudad con la tierra firme. Este mismo puente al llegar se divide en dos: una parte lleva a la Piazzale Roma, donde se accede directamente a la ciudad, y la otra lleva a Tronchetto, un aparcamiento gigante desde donde se puede acceder a la ciudad en vaporetto, lo más parecido a un autobús de línea en las ciudades. Nosotros usamos la segunda opción.

Venecia siempre será un lugar único, no hay nada parecido en el mundo. La sensación  de llegar en vaporetto a la plaza de San Marcos, recorrer el puente de Rialto, navegar por el Gran Canal en góndola…son cosas únicas. La ciudad rezuma historia por sus cuatro costados. En la antigüedad, la región estaba habitada por el pueblo Veneto. Cuando los germanos invadieron Italia en el siglo V, algunos ciudadanos llegaron a las islas que actualmente conforman Venecia, y encontraron un buen lugar para huir de los bárbaros. Llegaron a conseguir tener un gobierno propio, regentado por el Dogo, que ejercía el poder de forma vitalicia. La ciudad dominó durante mucho tiempo el mediterráneo, sobretodo en los siglos XV y XVI. En 1797 fue invadida por Napoleón, y tras el Tratado de Campo Formio su territorio estuvo dividido entre Francia y Austria. En 1866 se unió al Reino de Italia.

Lo primero que llama la atención en cuanto uno se aproxima en vaporetto a la ciudad son los troncos que hay clavados en el agua. Fue Napoleón el impulsor de esta medida, que servía para señalar que canales eran transitables, de esta manera los invasores encallaban sus naves contra el fondo al no conocer las rutas, ya que en bajamar los peligrosos bancos de arena son visibles. El canal Giaudeca es el  principal canal de Venecia, que lleva directamente a la plaza de San Marcos, el punto más famoso de la ciudad.

 
 

Vista de San Marcos desde el canal Giaudeca, con los troncos señalizando el camino

Al pisar la plaza de San Marcos destacan el Palacio Ducal, la Basílica de San Marcos y el Campanile, la torre más alta de la ciudad. Además, la plaza tiene varios museos que visitar.

 

Patio interior del Palacio Ducal, con las cúpulas de la Basílica de San Marcos al lado.

 Desde el Campanile se tiene una gran panorámica de Venecia.

 

Vista de Venecia desde el Campanile

Otra buena opción es pasearse  por la ciudad y sus calles estrechas, llenas de canales y de recovecos por descubrir. La sensación es que la ciudad nunca se acaba, y que realmente casi todos los edificios que hay son dignos de ver. Hay tiendas por todas partes vendiendo todo tipo de artículos, a un precio algo caro, aprovechando la gran afluencia de turistas. Los bares y restaurantes también son caros, y el precio cambia mucho cuando se va a una terraza, debido al servicio de las mesas. Los pocos aseos públicos que hay también son de pago. Navegar en góndola es una de las cosas más interesantes para hacer, a pesar de su alto precio.

 

El puente de Rialto, el más famoso de Venecia.

 

 En el caso de querer viajar en góndola, es probable que parte del viaje transcurra por el Gran Canal, que divide la ciudad en dos partes y es la principal “avenida” que usan las embarcaciones para desplazarse. En Venecia no se verá ni un solo coche, ni moto, ni nada similar. Al principio llama la atención ver los botes ambulancia y la policía patrullando en los canales en sus lanchas rápidas. Casi todos los edificios tienen dos entradas, una da a una calle y la otra a un canal.

 

El puente de la Academia, visto desde el gran canal, navegando en góndola.

Si todo lo anterior es digno de visitar, más lo es todavía si se tiene en cuenta los famosos carnavales. Los mejores disfraces del mundo se pasean por toda la ciudad, en cualquier calle, canal o plaza nos podemos encontrar con trajes de muchos colores y con mucho estilo. Algunos de ellos van al café “Florian”, en la plaza de San Marcos. Pero antes de llegar, no tienen problema en pararse por la calle las veces que haga falta para posar frente a los objetivos de los turistas, es algo que les encanta, el ambiente es muy festivo. Más tarde, los flashes iluminan los salones de té.

Disfraces en la Plaza de San Marcos

Sin duda, Venecia es uno de esos lugares que vale la pena visitar…ciao Venezia!

 

 

 

 

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