Farinós: corazón blanquiazul

Farinós celebrando su gol

El último choque liguero del Hércules, en este caso contra el Zaragoza, supuso la reaparición de un mito como Javier Farinós, el gran centrocampista de Alicante. El que otrora fuera jugador del Valencia, el Inter de Milan, Villareal y Mallorca cuajó un partido soberbio, a la altura de los grandes. Una larga lesión le tuvo siete meses apartado de los terrenos de juego. Su regreso en la segunda parte contra el FC Barcelona no fue el mejor posible, dos amarillas en sendas faltas provocaron su expulsión, y caminó hacia la caseta tapándose la cara con la camiseta, a pesar de la ovación que recibió.

Pero este último domingo fue distinto. La parroquia herculana deseaba ver al Farinós auténtico, aquel que es desde hace algunas temporadas la imagen del Hércules. Ese jugador con visión panorámica que lleva la calma a la grada mediante sus toques desde el césped, dirigiendo la orquesta. En cuanto su nombre sonó en la alineación, un murmullo especial se adueñó de las gradas del Rico Pérez, la afición esperaba ansiosa. Esteban Vigo había calificado el partido como una final, y “El Fari” estuvo ahí.

"El Fari" dirigiendo al equipo frente al Zaragoza

 Su presencia se notó desde el primer minuto. El centro del campo del Hércules comenzó a trabajar el partido desde la cordura impartida por el número 8 en la medular. Sin embargo, arriba la pólvora estaba mojada, y aún fue peor cuando en el minuto cuatro, Braulio marcó en un despiste a balón parado de la zaga alicantina. El estadio enmudeció, llegaba el momento de los grandes jugadores, tenían que aparacer si no querían hundirse en el mar de incertidumbre que era el estadio.

Tote hizo lo que pudo, pero su esfuerzo no sirvió para mucho al carecer de apoyos suficientes.  Kiko tampoco estaba muy inspirado. Pero Farinós no le perdió nunca la cara al partido, sus pases seguían siendo ordenados entre tanto caos. El público empezó a impacientarse cuando su equipo trataba el balón, algunos pitos se escuchaban en la grada. La gran final se estaba perdiendo y nadie sacaba pecho frente a las circunstancias. Entonces, en el minuto 80, ocurrió lo que Farinós quiso.

Controlando en la frontal de área, a treinta metros de la red, Farinós tomó carrerilla y disparó hacia portería. El balón se elevó, describió una curva hacia fuera y se coló por toda la escuadra, lamiendo telarañas y esquivando el vuelo del portero Leo Franco,  dejando al Zaragoza noqueado hasta el pitido final. El público estalló, el estadio tembló desde sus cimientos y arrojó sobre el césped toda la rabia contenida durante los 76 minutos en los que el Hércules fue perdiendo.

Llegó el momento de la verdad, y el equipo se volcó sobre la portería del equipo maño. En el minuto 87, la visión de Farinós de nuevo hizo medio gol. Tras ver un gran desmarque de Trezeguet a la espalda de la defensa, envió el balón picado por encima. El francés controló con el pecho y fusiló al portero, para después recorrer el campo con los brazos abiertos hacia sus compañeros. Fue impresionante.

Tras el partido, las declaraciones se sucedieron. Kiko Femenía demostró que ya no es tan niño, a la pregunta de que le parecían los pitos de la grada, contestó: “”Me alegro de ellos, porque significa que ya no me ven como un niño y que me exigen como a cualquier otro compañero, como debe ser”, también apuntó que juegue como juegue siempre dará el máximo, hay que quitarse el sombrero con este chico.

Farinós declaró que “Fue un gol muy importante porque servía para empatar, pero en esos momentos no piensas en nada. Luego sí que se te vienen a la cabeza muchas cosas, te vuelves a sentir futbolista y te das cuenta de que todo el trabajo trae su fruto” De nuevo hay que quitarse el sombrero.

No se cuanto le quedará a Farinós en el Hércules, espero que algunos años más, pero lo que está claro es que cuando el pisa el campo, es el alma, la garra, el corazón del equipo. Es el que nunca deja de correr, a pesar de no ser tan espectacular como otros compañeros también levanta al público de sus asientos. Conserva siempre esa clase de centrocampista elegante, con toque, visión. Y sobretodo, es un escudo del Hércules, su bandera, su símbolo.

Cuando pase el tiempo, podré decir “yo vi jugar a Farinós, yo vi jugar al corazón blanquiazul”.

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