La montaña rusa del crecimiento

Poco a poco crecemos...

 

Crecer es algo natural, pero no me estoy refiriendo a algo puramente físico, sino en general. Y hoy quería compartir con vosotros reflexiones sobre esto que se llama “crecer” o “madurar”, que no son lo mismo. Es un proceso que antes o después todos tenemos que pasar.

Realmente crecer es como una montaña rusa, es divertido porque te sube las pulsaciones y la adrenalina, pero también a veces dá pánico al ver la altura la que nos movemos. Cuando somos pequeños (y nos acabamos de subir a la atracción de la vida) realmente no somos conscientes de lo que nos espera. Estamos todo el día haciendo algo: comiendo, saltando por ahí, jugando al escondite, durmiendo…pero realmente no nos damos cuenta de todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Vivimos en una burbuja aislados de los males, y todo esto se refuerza con la actitud de los padres que, siendo realistas, nos tienen “entre algodones”. Pero poco a poco, cuando vamos cumpliendo años, nuestros esquemas empiezan a deteriorarse, y la gran burbuja se desmorona poco a poco, mientras nos damos cuenta de que fuera no hace tanto calor, sino frío, y de que todo no es tan fácil.

Comienzan a llegar los primeros desafíos de verdad: los estudios, elegir ciencias o letras, tomar decisiones, la familia, amigos y pareja. De repente nos damos cuenta de que ya no tenemos a esos amigos que teníamos antes, hemos perdido el contacto con ellos. Nos conocimos con tan poca edad que ninguno tenía Tuenti o Facebook o Twitter o simplemente un móvil, y se perdió el contacto. El vagón de la montaña rusa da algunos bandazos, todo se tambalea a nuestro alrededor. Vemos realmente que hay gente mala, muy mala, y te preguntas como puede ser, hemos estado tan cegados por nuestra pequeñez que no lo entendemos.

Conforme vamos subiendo más alto, contemplamos el paisaje, el viento nos da en la cara, la vista es impresionante. Sabemos que enseguida estará la primera bajada, esa que tienen todas las montañas rusas, pero de momento contemplamos el mundo desde arriba, entre un cielo muy azul y una tierra multicolor.

Llegó el momento, ahora somos más mayores. Los amigos perdidos se reducen a un recuerdo que evocamos en contadas ocasiones, casi nunca. Añoramos tiempos pasados de glorias pasajeras, donde lo más importante que te podía pasar era que te pillaran jugando al escondite y que te cayera una bronca. Nos encontramos solos (a pesar de tener amigos) y no sabemos porque. Faltos de muchas cosas, tenemos que labrarnos un futuro en mundo muy competitivo, que contiene tantas oportunidades como tiburones esperando a devorarnos. El tiempo se nos echa encima. Asi como un niño se agarra a su madre cuando está llorando, nos agarramos nosotros a nuestras ideas más fervientes, llenas de significado para nosotros pero vacías para los demás. El vagón se desplaza tan rápido que no sabemos hacia donde vamos, y solo podemos cerrar los ojos, apretar los dientes y aguantar hasta que pare, hasta que el camino se vuelva llano.

En ocasiones, todo nos da igual, sabemos que volverá la tranquilidad, pero es tan difícil no echarla de menos…Vamos cambiando, nuevos amigos, nuevas maneras de hacer las cosas, nuevos paisajes. Nos damos cuenta que no somos nadie si nos actuamos conforme a nuestras ideas. Comenzamos a administrar mejor nuestras energías y a seleccionar mejor nuestro círculo, ya no decimos que “sí” a todo. Amamos cosas distintas, pero odiamos otras tantas, igual que nos hacen a nosotros. Cuando alguien es pequeño, todo el mundo le quiere, pero ¿que ocurre al hacerse mayor? ¿donde está ese amor y ese interés?

Realmente, casi sin darnos cuenta, nos creamos otra burbuja, pero con una diferencia, esta es la nuestra. No es una creada por otros, es la nuestra propia personalizada. Hacemos cosas que nunca pensábamos hacer, lo vemos todo desde otra óptica, porque estamos creciendo. Es como vivir un momento histórico y ser consciente de ello, es algo casi adictivo, una aventura que todos tenemos que pasar hasta llegar a adultos y consolidarnos en esta “vida”. Y, porque no decirlo, nos encanta nuestra burbuja.

Siempre disfrutaré de ese momento en que el viento te acaricia el rostro, el tiempo se detiene, notas como el vagón tiembla y se prepara para otra bajada. Estas justo en el punto muerto en el que el vagón esta detenido, ni subes ni bajas. Miras el paisaje, pero sabes que enseguida tu corazón estará latiendo más fuerte, pero antes tu mente vuela de nuevo durante un segundo impagable antes de la acción, antes de la explosión de adrenalina. Entonces cierras los ojos, aprietas los dientes y te preparas para otra bajada memorable.

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