El último vuelo del EC-CFK

 

El EC-CFK, la última frontera a superar para los que quieren ser TCP

Madrid, aeródromo de Cuatro Vientos, diciembre de 2009, 9:30 am.

Vamos a despegar. Los pasajeros se abrochan los cinturones mientras me dirijo a mi asiento comprobando que todo esté en orden. Acabamos de cerrar las puertas, ya no hay vuelta atrás. De momento todos estamos tranquilos, dispuestos a pasar por lo que sea con tal de que el vuelo termine con final feliz.

“Tripulación, armen rampas para despegue” Después de armar los toboganes inflables para las emergencias, nos sentamos en nuestros sitios, desde donde podemos controlar todo el avión. Veo a mis compañeros muy serios, hay un poco de nervios, pero lo haremos bien. El último vuelo del EC-CFK no puede salir mal, y menos llevando una tripulación como nosotros.

Despegamos sin problemas, el Boeing 727 se eleva…damos el primer servicio a los pasajeros, y nada más guardar los carritos de la comida, suena la llamada de cabina, algo está ocurriendo. El comandante me dice que tenemos problemas en el motor número 2 que está a punto de incendiarse, y que realizaremos un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto más cercano. Eso significa que puede ocurrir cualquier cosa, puede ser un aterrizaje normal, o uno forzoso, o una colisión contra la pista…Como sobrecargo me toca a mí llamar a mis compañeros, informarles y organizar el procedimiento. No estoy tranquilo, no se si lo notan, pero tengo que aparentar calma.

Les llamo y les comunico la situación, los nervios aumentan, las manos sudan y la voz tartamudea. Llevamos mucho tiempo entrenando para que todo salga perfecto, pero ahora el vuelo es de verdad. Hay pasajeros comunes, un bebe, algunos niños y un discapacitado, lo que complicará más la situación. En diez minutos la cabina tiene que estar lista para lo que pueda ocurrir, así que quitamos todo el equipaje de las salidas de emergencia, revisamos que los baños estén vacíos, que el material de emergencia (exintor, oxígeno, altavoz, radiobaliza, etc.) esté listo. Los pasajeros también empiezan a ponerse nerviosos, nadie quiere saltar por la rampa. Les hacemos la demostración de como deben protegerse en el aterrizaje, algunos nos miran pero otros no nos hacen caso, lo normal. Instruímos a la personas que en caso de emergencia nos tendrán que echar una mano atendiendo a los posibles heridos. El vuelo transcurre más o menos calmado durante algún tiempo, todos estamos repasando mentalmente los procedimientos aprendidos, pero ahora la situación es distinta, es real.

Las luces parpadean, es la manera discreta que tiene el piloto de decirnos que estamos a punto de aterrizar, la tensión se puede cortar con un cuchillo. El traje empieza a incomodarme, la corbata se me hace más pequeña presionándome la nuez, noto el sudor por la espalda, y mi mirada nerviosa se pasea entre los pasajeros, intentando adivinar quién puede dar problemas o quién pondrá las cosas fáciles en el momento de la verdad.

Es el momento, estamos cerca del suelo, noto el morro del avión hacia abajo, pero desde mi posición aunque veo a todo el pasaje no veo ninguna ventana por tanto mis compañeros y yo gritamos “protección! protección!” Todo el mundo baja la cabeza y se cubre la nuca con sus brazos. Se oye el ruido de los motores al acercarse a tierra. El golpe es inminente…

Impacto, impacto, el avión choca y derrapa. Hay una sacudida, el motor 2 está en llamas en el ala izquierda del avión. En cuanto el avión se frena, enseguida agarro el comunicador y llamo a los pilotos, es el procedimiento habitual. Pase lo que pase, aunque el sobrecargo lo vea todo muy negro, tiene que hablar con el comandante, que tiene la última palabra de todo.

Grito por el micrófono “Cabina, ¿estais bien?” no hay respuesta, la situación se complica. Si no responden pueden estar incapacitados…o muertos. Decido volver a intentarlo una vez más antes de asumir que estamos en la peor situación posible, “cabina, responder, ¿estais bien?” Unos segundos de silencio…

Nos toca tomar decisiones, tenemos que sacar a los pasajeros del avión, el fuego está cerca.

Mis compañeros están esperando que diga la palabra mágica, todos en tensión. Llevamos practicando muchos meses para que ahora salga mal. Después de repasar en un segundo todo el procedimiento de memoria, digo la palabra “¡Evacuación, evacuación!”

Se desata el caos, los pasajeros se sueltan el cinturón y se levantan a la vez, colapsan el pasillo. Mi corazón sube pulsaciones a un ritmo vertiginoso, respiro fuerte. Alguien de la parte trasera del avión ha abierto una puerta y ya hay gente saltando. Me dirijo a mi puerta, me aseguro de que el tobogán está armado, miro por el cristal…no hay fuego ni restos del avión, está limpio. Abro la puerta tirando de la pesada manivela y empujo hacia fuera, inclinándome al vacío, el aire me da más sensación de altura. Me pongo delante hasta que la rampa se hincha y luego me aparto para que los pasajeros salten. A los que tienen miedo les empujo, no hay tiempo para pararse y retrasar a toda la cola. Cuando han saltado todos, salta mi compañera llevando el material de emergencia. Echo un vistazo al pasillo, soy el último del avión, y hay un silencio sepulcral. Miro a la rampa, tomo aire y salto…

Salgo de la colchoneta y me levanto, todo ha acabado. La simulación ha llegado a su fin, el teatro ha concluído, y el examen también.

Los “pasajeros”, en realidad nuestros compañeros, se juntan al lado del avión, y comentan como nos ha ido. Tantos meses practicando han dado sus frutos, y estamos muy contentos de haberlo hecho bien a pesar de la tensión, que ha sido máxima. El teatro ha sido estupendo, y todos han estado en su papel. Mis compañeros estupendos, como siempre, muy responsables.

Tras salir de la “maqueta” (el avión de la foto), nos montamos en el autobús y salimos de Cuatro Vientos para volver a Alicante, no sin antes hacer otro examen práctico, consistente es unas pruebas físicas en la piscina, y también uno teórico tipo test.

Este fue el examen final práctico para ser TCP (Tripulante de Cabina de Pasajeros), y aprobamos! un abrazo a todos mis compañeros y en especial a nuestra tripulación, conseguimos sacar a todos los pasajeros y nadie salió herido del último vuelo del EC-CFK.

La rampa de evacuación...

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