Sindrome del “padre-entrenador”

El de la pizarra siempre tiene que ser un entrenador

En nuestra sociedad es algo muy común el hecho de que todos opinemos de todo. Por ejemplo, a la hora de hablar de política, es común escuchar opiniones en contra de algunos políticos o de sus ideas, insultos incluidos. Yo creo que opinar no es malo siempre y cuando se haga con respeto. Lo mismo ocurre en muchas otras cosas, pero vayamos al tema que más me interesa: el deporte.

Hoy he estado una vez más viendo un partido del Hércules en directo. Un gran partido, por cierto, donde el Hércules ha ganado 4-1 habiendo llegado al descanso perdiendo 0-1. En pocos minutos anotaron 4 goles…pero me estoy desviando del tema…La cuestión es que cada vez que voy al campo de fútbol escucho los insultos de los aficionados hacia los árbitro, entrenadores y jugadores de los equipos. Esto me parece algo vergonzoso, por muy malo o muy torpe que sea un jugador.

Todo esto lo cuento como introducción. Porque cuando una de esas “personas”, que se dedican a dejarse la garganta insultado, forma una familia y tiene un hijo que juega al fútbol corre el serio peligro de contraer el “síndrome del padre-entrenador”.

Son una especie curiosa. Estos hombres (suelen ser hombres, porque las madres son más pacíficas) se sitúan a pie de campo, independientemente de que hayan gradas, porque ellos quieren estar cerca de la acción. Sienten la necesidad de gritar al árbitro desde la postura fácil del aficionado, creyendo que por estar ahí pueden insultar si les apetece, demostrando de paso su falta de respeto por los valores del deporte que hace su hijo/a.

Sin embargo, hay algunos que reconozco que acaban con mi paciencia (y tengo paciencia para llenar siete mares), y son los que se dedican a dar instrucciones técnicas, a hacer de entrenador. Cuando esto ocurre, el “síndrome del padre-entrenador” esta demasiado extendido por el cerebro, y no tiene solución. Estas personas empiezan a decir a su hijo/a como jugar, gritando “pasala”, “abre a la banda”, “corre, corre”, y otras frases típicas. Incluso algunos, y todo esto que cuento lo he visto en persona, dan instrucciones sobre los rivales, como si fueran ojeadores o algo parecido. El otro día escuche decir a uno “Javi, presiona al número cinco, que es muy lento”. Otra situación vergonzosa es cuando un padre se queja de que su hijo juega poco, esto suele pasar porque el padre se piensa que su hijo es la próxima estrella de la selección española.

Yo no soy entrenador de fútbol, pero me da que ellos tampoco. Sin embargo si que soy entrenador de fútbol americano, y mi función principal es educar a través de la dirección de equipos, haciendo mejores a las personas que entreno. Esta gente no educa gritando al árbitro ni a otros jugadores. Para colmo, el círculo se cierra cuando padre e hijo acuden al fútbol, y los dos insultan al unísono.

Cuando los padres tienen estas actitudes en los campos de deporte no se dan cuenta del daño que hacen. Quizás a sus hijos no les gusta ver a su padre chillando en la banda, quizás alguno siente vergüenza. Y lo hacen sin saber lo que están destruyendo…

Están destruyendo lo que a sus hijos les hace felices, jugar y divertirse…

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Un comentario en “Sindrome del “padre-entrenador”

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